De la Dictadura
a la Democracia
Un Sistema Conceptual para la Liberación
![]() |
El libro de Gene Sharp es clave para el entendimiento de la lucha no violenta |
De la
Dictadura a
la
Democracia
Un Sistema Conceptual para la Liberación
Por Gene Sharp
Traducción al Español por Caridad Inda
La Institución Albert Einstein
Todo
el material que aparece en esta publicación es del dominio público y se puede
reproducir sin el permiso de Gene Sharp.
Se
agradece mención de la fuente.
Primera
impresión, diciembre 2003
Segunda
impresión, diciembre 2011
De
la Dictadura a la Democracia se publicó primero en Bangkok en 1993 por
el Comité para la Restauración de la Democracia en Birmania conjuntamente con
Khit Pyaing (El Periódico de la Nueva
Era). Desde entonces se ha traducido a más de
ocho idiomas y se ha publicado en Serbia, Indonesia y Tailandia, entre otros
países.
Impreso
en los Estados Unidos de América
Impreso
en papel reciclado.
The
Albert Einstein Institution
36 Cottage Street
East Boston, MA 02128, USA
Tel:
USA + 617-247-4882
Fax:
USA + 617-247-4035
E-mail:
einstein@igc.org
Web site: www.aeinstein.org
ISBN 1-880813-13-0
![]() |
Gene Sharp |
Contenido
Prefacio
Uno
Enfrentando la
Realidad de las Dictaduras
Un problema que
continúa
¿A la libertad
mediante la violencia?
¿Golpes de estado,
elecciones, salvadores del extranjero?
Encarando la dura
verdad
Dos
Los Peligros de las
Negociaciones
Ventajas y
limitaciones de las negociaciones
¿Rendición negociada?
El poder y la
justicia en las negociaciones
Dictadores
“agradables”
¿Qué clase de paz?
Razones para la
esperanza
Tres
¿De Dónde Viene el
Poder? 17
La fábula del “Amo de
los Monos” 17
Los recursos que
necesita el poder político 18
Centros del poder
democrático 22
Cuatro
Las Dictaduras Tienen
Puntos Débiles
Identificando el
“talón de Aquiles”
Puntos débiles de las
dictaduras
Atacando las
debilidades de las dictaduras
Cinco
Ejerciendo el Poder
La dinámica de la
lucha no violenta
Las armas y la
disciplina no violentas
Franqueza, clandestinidad
y comportamiento intachable
Cambios en las
relaciones de poder
Cuatro mecanismos del
cambio
Efectos
democratizadores del desafío político
La complejidad de la
lucha no violenta
Seis
Necesidad de la
Planificación Estratégica
Planificación
realista
Obstáculos a la
planificación
Cuatro términos importantes
en la planificación estratégica
Siete
Planificando la
Estrategia
Escogiendo los medios
Planificando para la
democracia
Ayuda del exterior
Formulando una gran
estrategia
Planificando las
estrategias de campaña
Difundiendo la idea
de la no cooperación
La represión y las
contramedidas
Adhiriéndose al plan
estratégico
Ocho
Aplicando el Desafío
Político
Resistencia selectiva
El reto simbólico
Distribuyendo la
responsabilidad
Apuntando hacia el
poder de los dictadores
Cambios en la
estrategia
Nueve
Desintegrando la
Dictadura
La escalada de la
libertad
Desintegrando la
dictadura
Manejando el triunfo
responsablemente
Diez
Trabajo Preliminar
para una Democracia Duradera
Amenaza de una nueva
dictadura
Cerrándoles el paso a
los golpes de estado
Redactando una
constitución
Una política
democrática de defensa
Una responsabilidad
meritoria
Apéndice
Los métodos de la
acción no violenta
Unas Palabras Acerca
de Traducciones y Reimpresiones de esta Publicación
Prefacio
Una
de mis mayores inquietudes durante muchos años ha sido cómo podría la gente
evitar que una dictadura se estableciera y cómo destruirla. Esto se ha nutrido
en parte por la convicción de que los seres humanos no deben ser ni dominados
ni destruidos por semejantes regímenes. Esta creencia se ha fortalecido con
lecturas sobre la importancia de la libertad humana y la naturaleza de las
dictaduras (desde Aristóteles hasta los analistas del totalitarismo) y la historia
de las dictaduras (especialmente en los sistemas nazi y comunista).
A
través de los años, he tenido la oportunidad de conocer personas que vivieron y
padecieron bajo el régimen nazi, algunos inclusive que sobrevivieron los campos
de concentración. En Noruega, encontré algunos que habían trabajado en la
resistencia al régimen fascista y que habían sobrevivido, y oí hablar de los
que habían perecido. Hablé con judíos que se habían escapado de las garras de
los nazis y con personas que habían ayudado a éstos a salvarse.
Sobre
el terror en los regímenes comunistas de los diversos países he sabido más por
libros que por contactos personales. El terror en estos sistemas me ha parecido
más agudo, ya que estos regímenes se impusieron en nombre de liberación de la
opresión y de la explotación.
En
décadas más recientes, la realidad acerca de las dictaduras de hoy se me ha
hecho más patente por la visita de personas que vienen de países gobernados por
dictaduras, tales como Panamá, Polonia, Chile, el Tíbet o Birmania. De los
tibetanos que pelearon contra la agresión del régimen comunista chino, de los
rusos que en agosto de 1991 le cerraron el paso al golpe de estado de línea
dura, o de los trabajadores tailandeses que con prácticas no violentas
impidieron el retorno del régimen militar, he ido adquiriendo puntos de vista
perturbadores sobre la pérfida naturaleza de las dictaduras.
Mi
sentimiento de tribulación y ultraje frente a la bestialidad impuesta, así como
mi admiración ante el sereno heroísmo de hombres y mujeres increíblemente
valientes, a veces se fortaleció cuando visité lugares donde el peligro aún era
muy grande y, a pesar de ello, el valor de la gente se empeñaba en desafiarlo.
Esto ocurría en el Panamá de Noriega, en Vilnius, Lituania, bajo la continua
represión soviética; en Beijing, en la plaza de Tiananmen, tanto durante la
manifestación festiva por la libertad como cuando los transportes del primer
contingente armado entraron en la noche fatal; y en los cuarteles de la
oposición democrática, en Manerplaw, en la “Birmania liberada”.
En
ocasiones visité el lugar de los caídos, tales como la torre de televisión y el
cementerio de Vilnius, el parque público en Riga donde la población había sido
ametrallada, el centro de Ferrara, al norte de Italia, donde los fascistas
pararon en fila a los de la resistencia y los fusilaron, y hasta un sencillo
cementerio en Manerplaw repleto de cadáveres de los que habían muerto aún
demasiado jóvenes. Es triste advertir cómo cada dictadura deja tras de sí una
larga secuela de muerte y destrucción.
De
estas experiencias y consideraciones me fue creciendo una esperanza muy firme
de que sí podía impedirse el establecimiento de las dictaduras, que se podía
llevar a cabo una lucha victoriosa contra ellas sin provocar una carnicería
masiva, que sí se podían destruir las dictaduras y evitar que surgieran otras
nuevas de sus propias cenizas.
He
tratado de pensar minuciosamente acerca de los métodos más efectivos para
desintegrarlas con éxito y con el menor costo posible en vidas y sufrimientos.
Para ello he repasado mis estudios de muchos años sobre las dictaduras, los
movimientos de resistencia, las revoluciones, el pensamiento político, los
sistemas de gobierno y, especialmente, sobre la auténtica lucha no violenta.
El
resultado de todo eso es esta publicación. Estoy seguro que dista mucho de ser
perfecta. Pero quizás ofrece alguna orientación que apoye tanto el pensamiento
como la planificación tendientes a producir movimientos de liberación que
resulten más poderosos y eficaces de lo que serían de haber sido otro el caso.
Tanto
por necesidad como por opción libre, este ensayo enfoca el problema genérico de
cómo destruir una dictadura y cómo impedir el surgimiento de una nueva. No
puedo realizar un análisis detallado y dar una recomendación precisa en cuanto
a un país determinado.
Sin
embargo, espero que este análisis genérico sea útil a los pueblos que,
desafortunadamente, todavía en demasiados lugares tienen que enfrentarse con
las realidades de un régimen dictatorial.
Necesitarán
examinar la validez de este texto en cuanto a su situación específica y
determinar hasta qué punto las principales recomendaciones son aplicables, o si
puede hacerse que lo sean, para su lucha de liberación.
He
incurrido en varias deudas de gratitud durante la redacción de este ensayo.
Bruce Jenkins, mi ayudante especial, ha hecho una contribución inestimable al
identificar los problemas en cuanto a su contenido y presentación, y, mediante
sus agudas sugerencias, en cuanto a una exposición más clara y rigurosa de las
ideas más difíciles (en especial en lo tocante a estrategia), a la
reorganización estructural del texto y al mejoramiento de la edición. Estoy
también muy agradecido a Stephen Cody por su asistencia editorial. El Dr.
Christopher Kruegler y el Sr. Robert Helvey me brindaron su importante crítica
y consejo. Las Dras. Hazel McFerson y Patricia Parkman me suministraron información
sobre las luchas en Africa y América Latina respectivamente. Aunque este
trabajo se ha beneficiado por un tan noble y generoso apoyo, únicamente yo soy responsable
del análisis y las conclusiones que contiene.
En
ningún lugar de este trabajo asumo que el desafío contra los dictadores será
una empresa fácil y poco costosa. Todas las formas de lucha tienen sus complicaciones
y costos. El combate contra los dictadores por supuesto causará bajas. Sin
embargo, espero que este análisis estimulará a los líderes de la resistencia a
considerar estrategias que puedan incrementar su poder efectivo y al mismo tiempo
reducir el nivel relativo de bajas.
Tampoco
se interprete este análisis como que cuando se acabe con una dictadura
específica todos los demás problemas habrán desaparecido. La caída de un régimen
no trae por consecuencia una utopía. Más bien abre el camino a un trabajo
ingente y a esfuerzos denodados a fin de construir unas relaciones políticas,
económicas y sociales más justas y erradicar otras formas de injusticia y
opresión.
Es
mi esperanza que este breve examen de cómo puede desintegrarse una dictadura
sea útil en cualquier lugar donde la gente vive dominada y desea ser libre.
Gene
Sharp
6
de octubre de 1993
The Albert Einstein Institution
36 Cottage Street
East
Boston, Massachusetts, 02128
USA
Uno
Enfrentando
la Realidad de las Dictaduras
En
años recientes, diversas dictaduras—de origen tanto interno como externo—han
caído o se han tambaleado cuando se les ha enfrentado una población desafiante
y movilizada. Aunque a menudo se las ve como firmemente afianzadas e inexpugnables,
algunas de estas dictaduras demostraron ser incapaces de soportar el desafío concertado
del pueblo en lo político, lo económico y lo social.
A
partir de 1980, las dictaduras han caído ante un desafío predominantemente no violento
del pueblo en Estonia, Latvia y Lituania, Polonia, Alemania Oriental,
Checoslovaquia y Eslovenia,
Madagascar,
Mali, Bolivia y las Filipinas. La resistencia no violenta ha hecho avanzar el
movimiento por la democratización en Nepal, Zambia, Corea del Sur, Chile,
Argentina, Haití, Brasil, Uruguay, Malawi, Tailandia, Bulgaria, Hungría, Zaire,
Nigeria y en varias partes de la antigua Unión Soviética (llegando a jugar un
papel significativo en la derrota del intento de golpe de estado de línea dura
de agosto de 1991).
Más
aún, el desafío político masivo1 se
ha hecho presente en China, Birmania y el Tíbet en años recientes. Aun cuando
estas luchas no han destruido a las dictaduras ni le han puesto fin a la
ocupación territorial impuesta, sí han puesto al descubierto ante la comunidad mundial
la naturaleza brutal de esos regímenes represivos, y han aportado a la
población una valiosa experiencia en cuanto a esta forma de lucha.
1El término
“desafío político masivo”, que se usa en este contexto, lo introdujo Roberto
Helvey. El “desafío político” es una confrontación no violenta (protesta, no colaboración
e intervención) que se lleva a cabo de manera desafiante y activa, con fines
políticos. El término se originó en respuesta a la confusión y distorsión creadas
cuando se daban por iguales la ‘lucha no violenta’ con el “pacifismo” o la ‘no violencia
reIigiosa’. La palabra “desafío” denota una deliberada provocación a la autoridad
mediante la desobediencia, y no deja lugar para la sumisión. El término ‘desafío
político’ describe el entorno en el cual se emplea la acción (político), así como
el objetivo (eI poder político). Se usa principalmente para describir la acción
realizada por la población para retomar de manos de la dictadura el control de
las instituciones gubernamentales mediante el constante ataque a las fuentes de
poder y el uso deliberado de la planificación estratégica y de las operaciones
para alcanzarlo. En este sentido, “desafío político”, “resistencia no violenta”
y “lucha no violenta” se usarán aquí como sinónimos intercambiables, aunque los
dos últimos términos, por lo general, se refieren a las luchas que persiguen una
gama más amplia de objetivos (sociales, económicos, sicológicos, etc.).
El
derrumbamiento de las dictaduras en los países antes mencionados ciertamente no
erradicó todos los problemas de esas sociedades—pobreza, criminalidad,
ineficiencia burocrática, destrucción del medio ambiente—que han sido
frecuentemente la herencia de aquellos regímenes brutales. No obstante, la
caída de esas dictaduras ha reducido, aunque poquísimo, mucho del sufrimiento
de las víctimas de la opresión, y ha abierto el camino para la reconstrucción
de esas sociedades con una mayor democracia política, más libertades personales
y justicia social.
Un
problema que continúa
Ha
habido, en verdad, una tendencia hacia una mayor democratización y libertad en
el mundo durante las últimas décadas.
Según
“Freedom House”, que compila un expediente anual sobre el estatus de los
derechos políticos y las libertades civiles, el número de países en todo el
mundo clasificados “libres” ha crecido de manera significativa en los últimos
diez años.2
Año
|
Libres
|
Parcialmente Libres
|
No Libres
|
1983
|
55
|
76
|
64
|
1993
|
75
|
73
|
38
|
2003
|
89
|
55
|
48
|
2009
|
89
|
62
|
42
|
Sin
embargo, esta tendencia positiva se halla atenuada porque hay un gran número de
pueblos que aún viven bajo condiciones de tiranía. Hasta enero de 1993, el 31%
de la población del mundo, de 5.45 billones, vivía en países y territorios
calificados como “no libres”3;
esto es, en lugares donde los derechos políticos y las libertades civiles están
en extremo restringidos. Los 38 países y 12 territorios incluidos en la
categoría de “no libres” están gobernados por una serie de dictaduras militares
(como en Birmania y el Sudán), monarquías tradicionales represivas (como Arabia
Saudita y Bhután), por regímenes de partido único dominante (como China, Iraq y
Corea del Norte), bajo una ocupación extranjera (como Tíbet o Timor Oriental),
o en un estado de transición.
2 Freedom House, Freedom in the
World: The Annual Survey of Political Rights and Civil Liberties, 1992-1993, www.freedomhouse.org (La Libertad en el Mundo: un informe anual
sobre los derechos políticos y las libertades civiles,1992-1993), p. 66 (Las
cifras de 1993 son hasta enero del mismo). Ver páginas 79-80 para una
descripción de las categorías “libre”, “parcialmente libre” y “no libre” de
Freedom House. 3 Freedom House, Freedom in the World, (La Libertad en el Mundo), p. 4.
Muchos
países se hallan hoy en un estado de cambio rápido en lo económico, político y
social. Aunque el número de países “libres” ha aumentado en los últimos diez
años, existe un gran riesgo de que muchas naciones, al enfrentar cambios
fundamentales tan rápidamente, se desplazarán en dirección opuesta, y acabarán experimentando
nuevas formas de dictadura. Las camarillas militares, los individuos más ambiciosos,
los funcionarios electos y los partidos políticos doctrinales, repetidamente
buscarán cómo imponerse. Los golpes de estado seguirán estando a la orden del día.
Los
derechos humanos y políticos básicos les serán negados a un gran número de
personas. Desafortunadamente, el pasado aún está con nosotros. El problema de
las dictaduras es profundo. En muchos países el pueblo ha vivido experiencias
de décadas y hasta siglos de opresión, ora doméstica ora de origen extranjero.
Con frecuencia se les ha inculcado insistentemente la sumisión incondicional a
las figuras y gobernantes que detentan la autoridad. En casos extremos, las
instituciones sociales, económicas, políticas y hasta religiosas de la
sociedad—aquellas fuera del control estatal—han sido deliberadamente
debilitadas, subordinadas o aún reemplazadas por otras nuevas, y regimentadas.
El estado o el partido dominante las usa para dominar a la sociedad. A menudo
la población ha sido atomizada (convertida en una masa de individuos aislados),
incapaces de trabajar juntos para conseguir su libertad, de confiar los unos en
los otros y hasta de hacer algo por su propia iniciativa.
El
resultado es predecible: la población se ha vuelto débil, carece de confianza
en sí misma y es incapaz de ofrecer resistencia alguna. Las personas por lo general
están demasiado asustadas para compartir su odio por la dictadura y su hambre
de libertad ni aún con su familia y amigos. Están, con frecuencia, demasiado aterrorizadas
para pensar en serio en la resistencia popular. De cualquier manera, ¿de qué
iba a servir? En vez de esto asumen el sufrimiento sin objetivo y un futuro sin
esperanza.
Las
condiciones bajo las dictaduras contemporáneas pueden ser peores que antes. En
el pasado, algunas personas pueden haber tratado de resistir. Quizá hubo breves
manifestaciones y protestas masivas. Quizá los ánimos se levantaron
temporalmente. En otras ocasiones, individuos y pequeños grupos pueden haber
hecho valientes pero impotentes demostraciones, afirmando algún principio o
simplemente su desafío. Por muy nobles que hayan sido los motivos, estos actos
de resistencia pasados frecuentemente han sido insuficientes para vencer el
miedo de la gente y su habitual obediencia, condición esencial para destruir una
dictadura. Esas acciones, lamentablemente, pueden en cambio haber causado
solamente más sufrimiento y muerte, no una victoria, ni aún una esperanza.
¿A
la libertad por la violencia?
¿Qué
ha de hacerse en semejantes circunstancias? Las posibilidades más evidentes
parecen inútiles. Los dictadores generalmente hacen caso omiso de las barreras
constitucionales y legales, las decisiones judiciales y la opinión pública.
Reaccionando a las brutalidades, la tortura, las desapariciones, las muertes,
se entiende que todo esto ha hecho pensar al pueblo que sólo por la violencia
se puede acabar con una dictadura. Las airadas víctimas a veces se han
organizado para combatir a los brutales dictadores, con el poco poder militar y
violencia que hayan podido reunir, y a pesar de tenerlo todo en contra. Esta
gente, por lo general, ha peleado valientemente, pagando un alto precio en
sufrimientos y vidas. Sus logros a veces han sido considerables, pero casi
nunca han obtenido la libertad.
Las
rebeliones violentas desencadenan violentas represiones que con frecuencia
dejan a la población más indefensa que antes.
Sin
embargo, cualesquiera que sean los méritos de la opción por la violencia, un
punto está claro. Al depositar la confianza en los
medios violentos, se ha escogido precisamente el modo de lucha
en el cual los opresores casi siempre tienen la
superioridad. Los dictadores pueden aplicar la violencia irresistiblemente. No
importa cuánto más o cuánto menos estos demócratas puedan aguantar, a fin de
cuentas uno generalmente no se puede escapar de las duras realidades militares.
Los
dictadores casi siempre disponen de la superioridad militar, en cuanto a
calidad de armamentos, pertrechos, transportes y tamaño de las fuerzas armadas.
A pesar de su valentía, los demócratas no pueden emparejárseles (casi) nunca.
Cuando se reconoce que la rebelión militar no es viable, algunos disidentes se
inclinan por la guerra de guerrillas. No obstante, sólo muy raramente, si es que
alguna vez, la guerra de guerrillas beneficia a la población oprimida o le abre
paso a una democracia. La guerra de guerrillas no es ninguna solución evidente,
especialmente por la inmensa cantidad de bajas que suelen producirse entre la
gente. Esta técnica de lucha no ofrece ninguna garantía frente a la posibilidad
del fracaso, a pesar de apoyarse en la teoría y el análisis estratégicos, y de
que a veces recibe respaldo internacional. Las luchas guerrilleras por lo
general duran mucho. Con frecuencia el gobierno en el poder reubica a la
población, con la secuela de inmensos sufrimientos humanos y trastorno social
que esto conlleva. Aun cuando resulte victoriosa, la lucha de guerrillas tiene,
a largo plazo, considerables consecuencias negativas en lo estructural.
De
entrada, el régimen atacado se hace más dictatorial como resultado de sus
contramedidas. Si en definitiva gana la guerrilla, el nuevo régimen que de ella
provenga es con frecuencia más dictatorial que el anterior, debido al impacto
centralizador de las fuerzas militares al expandirse, y por el debilitamiento o
la destrucción durante la lucha de los grupos e instituciones independientes de
la sociedad— cuerpos éstos que son vitales para establecer y mantener después una
sociedad democrática. Los que se opongan a las dictaduras deben buscar otra
opción.
¿Golpes
de estado, elecciones, salvadores extranjeros?
Un
golpe militar contra una dictadura puede parecer, relativamente hablando, una
de las maneras más rápidas y fáciles de quitarse de encima un régimen particularmente
repugnante. Sin embargo, existen serios problemas con respecto a esta técnica.
Lo más importante es que deja intacta la distribución negativa del poder entre la
población y la élite de control del gobierno y sus fuerzas armadas.
Lo
más probable es que la supresión de personas o camarillas de las posiciones del
gobierno, dé pie para que otro grupo semejante ocupe su lugar. Teóricamente este
grupo puede ser menos duro en su comportamiento, y más dispuesto a abrirse de
manera limitada a las reformas democráticas. Sin embargo, el caso opuesto es lo
más probable.
Después
de consolidar su posición, la nueva camarilla puede resultar más despiadada y
más ambiciosa que la anterior. Por lo tanto, la nueva camarilla—sobre la que
quizá se habían fincado las esperanzas—podrá hacer lo que quiera sin preocuparse
de la democracia o los derechos humanos. Esta no es una respuesta satisfactoria
al problema de la dictadura.
Bajo
una dictadura las elecciones no se pueden usar como instrumento para un cambio político
significativo. Algunos regímenes dictatoriales, tales como los del antiguo
bloque oriental dominado por la Unión Soviética, simularon elecciones sólo con el
propósito de aparentar ser democráticos. Pero estas elecciones eran simples
plebiscitos rigurosamente controlados, para obtener la aprobación pública de
los candidatos escogidos por los dictadores.
Éstos,
de cuando en cuando, debido a la presión a que están sometidos, podrían tal vez
aceptar nuevas elecciones, pero éstas estarían manipuladas para colocar marionetas
civiles en los puestos de gobierno. Si a los candidatos de la oposición se les
hubiera permitido concurrir a las elecciones, y hubieran sido electos como ocurrió
en Birmania en 1990, o en Nigeria en 1993, los resultados habrían sido
simplemente ignorados y los supuestos “vencedores” habrían estado sujetos a
intimidación, arrestados o hasta ejecutados.
Los
dictadores no están interesados en unas elecciones que puedan apartarlos de su
trono.
Muchas
personas que actualmente están padeciendo bajo una dictadura, o que han tenido
que exilarse para escapar de sus garras, no creen que los oprimidos puedan
liberarse por sí mismos.
Ellos
no esperan que su pueblo pueda ser liberado sino por la acción de otros. Ponen
su confianza en las fuerzas extranjeras. Creen que sólo una ayuda internacional
puede ser lo bastante fuerte como para derribar a los dictadores.
Esa
visión de que los oprimidos son incapaces de actuar eficazmente es algunas
veces correcta por tiempo limitado. Como hemos apuntado, con frecuencia la población
sometida no quiere la lucha, y está temporalmente incapacitada para ella,
porque no tiene confianza en su propia capacidad de enfrentar la dictadura
feroz, y no ve una manera razonable de salvarse por su propio esfuerzo. En consecuencia,
no es extraño que confíe sus esperanzas de liberación a la acción de otros. Las
fuerzas externas pueden ser: la “opinión pública”, las Naciones Unidas, un país
en particular o sanciones internacionales económicas y políticas.
Una
situación así puede parecer consoladora, pero existen graves problemas en
cuanto a la confianza depositada en un salvador foráneo. Esa confianza puede
estar puesta en un factor totalmente errado. Por lo general, no van a llegar
salvadores extranjeros. Si interviene otro estado, probablemente no deba
confiarse en él.
Hay
unas cuantas ásperas realidades con respecto a esa confianza en la intervención
extranjera que habría que destacar aquí.
•
Con frecuencia los estados extranjeros tolerarán, o ayudarán inclusive, a la
dictadura a fin de avanzar sus propios intereses económicos o políticos.
•
Los estados extranjeros podrían estar dispuestos a vender al pueblo oprimido a
cambio de otros objetivos, en lugar de mantener las promesas que le hicieran de
ayudarlo en su liberación.
•
Algunos estados extranjeros actuarán contra la dictadura, pero sólo a fin de
ganar para sí mismos el control económico, político y militar del país.
•
Los estados extranjeros podrían involucrarse activamente para fines positivos
sólo cuando hubiere un movimiento interno que ya haya comenzado a sacudir la
dictadura y logrado que la atención internacional se enfoque sobre la índole
brutal del gobierno.
Por
lo general, la causa principal que explica la existencia de las dictaduras es
la distribución interna del poder que existe en el país.
La
población y la sociedad son demasiado débiles para causarle un problema a la
dictadura; la riqueza y el poder están concentrados en muy pocas manos. Aunque
las acciones internacionales pueden beneficiar, o de alguna manera debilitar a
las dictaduras, la continuación de éstas depende primordialmente de factores
internos.
Sin
embargo, las presiones internacionales pueden ser muy útiles cuando apoyan un
poderoso movimiento de resistencia interna. Entonces, por ejemplo, el boicot
económico internacional, los embargos, la ruptura de relaciones diplomáticas,
la expulsión del gobierno de organizaciones internacionales, la condena del
mismo por alguno de los cuerpos de las Naciones Unidas y otros pasos semejantes,
pueden contribuir grandemente. A pesar de todo, si no existe un fuerte
movimiento de resistencia interna, tales acciones por parte de otros es poco
probable que se den.
Encarando
la dura verdad
La
conclusión es dura. Cuando se quiere echar abajo una dictadura con la mayor
efectividad y al menor costo, hay que emprender estas cuatro tareas:
•
Se debe fortalecer a la población oprimida en su determinación de luchar, en la
confianza en sí misma y en sus aptitudes para resistir;
•
Se debe fortalecer a los grupos sociales e instituciones independientes del
pueblo oprimido;
•
Se debe crear una poderosa fuerza de resistencia interna; y
•
Se debe desarrollar un amplio y concienzudo plan estratégico global para la
liberación, y ejecutarlo con destreza.
Una
lucha de liberación es un tiempo en que el grupo que lucha adquiere confianza
en sí mismo y se fortalece internamente. Charles Stewart Parnell, durante la
campaña de huelga de los rentatarios en Irlanda, 1879—1880, dijo:
No
vale la pena confiar en el gobierno... Debéis confiar sólo en vuestra propia
determinación... Ayudaos a vosotros mismos apoyándoos los unos a los otros…
Fortaleced a los más débiles de entre vosotros... Agrupaos y organizaos... y
ganaréis...
Cuando
hayáis madurado las condiciones para que este asunto se resuelva, entonces—y
nunca antes de ese momento—se resolverá.4
Confrontada
con una fuerza firme y confiada en sí misma, con una estrategia concienzuda y
de genuina solidez, la dictadura eventualmente se desmoronará. Estos cuatro
requisitos tendrán que ser de algún modo satisfechos siquiera en un mínimo
nivel.
Como
lo indican estos argumentos, el liberarse de las dictaduras, en última
instancia, depende de la capacidad que la gente tenga de liberarse a sí misma.
Los casos antes mencionados en que el desafío político—o la lucha no violenta
con fines políticos—ha tenido éxito, sugieren que sí existen los medios para
que la población se libere a sí misma, pero esta opción no se ha ejercido
plenamente. Examinaremos en detalle esta alternativa en los próximos capítulos.
Pero antes debemos contemplar el tema de las negociaciones como medio para
desmantelar las dictaduras.
4 Patrick Sarsfield
O’Hegarty, A History of
Ireland Under the Union, 1880-1922 (Una Historia de Irlanda Bajo la Unión,
1880-1922) London: Methuen, 1952), pp. 490-491.
Dos
Los Peligros
de las Negociaciones
Algunas
personas, cuando tienen que enfrentarse a los severos problemas de combatir una
dictadura, se echan para atrás, y caen en una sumisión pasiva (como lo vimos en
el Capítulo Uno). Otras, como no ven posibilidad alguna de alcanzar la
democracia, pueden llegar a la conclusión de que deben buscar un arreglo con la
dictadura, con la esperanza de que mediante la “conciliación”, el “compromiso” y
las “negociaciones”, podrán atraer a algunos elementos positivos y acabar con
las brutalidades. Superficialmente, por carencia de opciones más realistas,
esta manera de pensar es atrayente.
Una
pelea seria contra las dictaduras brutales no es una perspectiva agradable.
¿Por qué hay que recorrer ese camino? ¿No pueden todos ser razonables y encontrar
maneras de hablar, de negociar la forma de terminar gradualmente con la
dictadura? ¿No pueden los demócratas apelar al sentido común y de humanidad de
los dictadores, y convencerlos de que deben reducir su dominio poco a poco, y
quizás finalmente ceder por completo para que se establezca una democracia?
A
veces se argumenta que la verdad no está toda de un lado.
Quién
sabe si los demócratas no han comprendido a los dictadores, que acaso obraron
con buenas intenciones y en circunstancias difíciles. Quizá algunos piensen que
los dictadores gustosamente se separarían de la difícil situación que vive el
país, si se les estimulara o se les tentara a ello. Podría argumentarse que a
los dictadores se les debería ofrecer una solución por medio de la cual todo el
mundo saliera ganando. Los riesgos y dolores de proseguir la lucha podrían ser
innecesarios—se puede argumentar—si la oposición democrática sólo desea
terminar el conflicto pacíficamente por medio de negociaciones (que podrían
quizás contar con la ayuda de algunos especialistas o hasta de otro gobierno).
¿No sería eso preferible a una lucha difícil, aún cuando fuera una campaña
dirigida por la lógica de la acción no violenta y no la de una guerra militar?
Ventajas
y limitaciones de las negociaciones
Las
negociaciones son un instrumento muy útil para resolver algunos conflictos, y
no deben desdeñarse o rechazarse cuando son apropiadas. En algunas situaciones,
cuando ningún asunto fundamental está en juego y, por consiguiente, es
aceptable el compromiso, las negociaciones pueden ser un medio importante para
zanjar un conflicto. Una huelga laboral en demanda de mayores salarios es un buen
ejemplo del papel apropiado de las negociaciones en un conflicto: un acuerdo
negociado puede conseguir un aumento promediado entre las cantidades
originalmente propuestas por cada una de las partes contendientes. Los
conflictos laborales, con sindicatos legalmente establecidos, son, sin embargo,
algo muy diferente de los problemas en los cuales están en juego la existencia
permanente de una dictadura cruel o el establecimiento de la libertad política.
Cuando
los asuntos por resolver son fundamentales porque afectan principios
religiosos, problemas de la libertad humana o todo el desarrollo futuro de la
sociedad, las negociaciones no llevan a una solución satisfactoria para ambas
partes. En algunos asuntos básicos no se debe transigir. Sólo un cambio en la
correlación de fuerzas a favor de los demócratas puede salvaguardar
adecuadamente los asuntos básicos que están a discusión. Ese cambio ocurre a
través de una lucha, no mediante negociaciones. Esto no quiere decir que las
negociaciones no deban usarse nunca. El hecho es que tales negociaciones no son
un modo realista de librarse de una férrea dictadura cuando no existe una poderosa
oposición democrática.
Por
supuesto que hay circunstancias en que las negociaciones pueden no ser una
opción. Los dictadores firmemente establecidos, que se sienten muy seguros de
su posición, pueden negarse a negociar con sus opositores democráticos. 0 bien,
cuando ya se hayan iniciado las negociaciones, los negociadores democráticos
pueden desaparecer y no regresar.
¿Rendición
negociada?
Los
individuos o grupos que se oponen a una dictadura y se inclinan a las
negociaciones, a menudo tienen buenos motivos para hacerlo.
En
especial, cuando una lucha armada ha continuado durante varios años contra una
dictadura brutal sin una victoria final, es lógico que todas las personas, sin
importar su filiación política, deseen la paz.
Es
probable que los demócratas estén especialmente dispuestos a negociar cuando
los dictadores evidentemente tienen la superioridad militar y cuando la
destrucción, las víctimas y los perjuicios sufridos entre aquéllos ya no pueden
soportarse más. Habrá entonces una fuerte tentación de explorar cualquier otra
opción que pueda rescatar al menos algunos de los objetivos de los demócratas,
a la vez que pone fin a un ciclo de violencia y contra violencia.
La
oferta de “paz” mediante negociaciones que un dictador le haga a la oposición
democrática por supuesto no es del todo sincera. La violencia podría ser
inmediatamente terminada por los propios dictadores si tan sólo éstos dejaran
de hacer la guerra contra su propio pueblo. Bien podrían, por su propia
iniciativa y sin ninguna negociación, restaurar el respeto a la dignidad y los derechos
humanos, liberar a los presos políticos, acabar con la tortura y suspender las
operaciones militares, retirarse del gobierno y hasta pedirle excusas al
pueblo.
Cuando
la dictadura es fuerte pero existe una resistencia irritante, puede que los
dictadores deseen lograr la rendición de la oposición bajo la cobertura de
“hacer la paz”. El llamado a negociar puede parecer atractivo, pero dentro de
la sala de negociaciones acaso se esconderían graves peligros.
Por
otra parte, cuando la oposición es excepcionalmente fuerte y la dictadura se
encuentra de veras amenazada, los dictadores pueden buscar la negociación como
una manera de salvar lo más posible de su capacidad de control o de sus
riquezas. En ninguno de estos casos deben los demócratas ayudar a los
dictadores a lograr sus metas.
Los
demócratas deben desconfiar de las trampas que los dictadores les pueden tender
con pleno conocimiento de causa durante un proceso de negociación. El llamado a
negociar, cuando se trata de cuestiones fundamentales de las libertades
políticas, puede ser un esfuerzo por parte de los dictadores para inducir a los
demócratas a rendirse pacíficamente, mientras que la violencia de la dictadura
continúa. En semejantes conflictos, las negociaciones solamente podrán jugar un
papel apropiado al final de una lucha decisiva, en la cual el poder de los
dictadores haya sido destruido y estén éstos buscando pasaje seguro para llegar
a un aeropuerto internacional.
El
poder y la justicia en las negociaciones
Si
esta opinión parece un comentario demasiado áspero sobre las
negociaciones, quizá deba moderarse un poco el romanticismo que
se asocia con las mismas. Es necesario saber cuál es la
dinámica de las negociaciones.
Una
“negociación” no significa que las dos partes se sientan juntas, como iguales,
y conversan hasta resolver el problema que produjo el conflicto entre ellas. Es
necesario recordar dos verdades.
Primera,
que en las negociaciones no es la relativa justicia de los puntos de vista en
conflicto y sus objetivos lo que determina el contenido del acuerdo negociado.
Segunda, que el contenido de éste lo determinará mayormente la capacidad de
poder de cada parte.
Se
deben considerar varias preguntas difíciles. ¿Qué puede hacer cada una de las
partes después para conseguir sus objetivos si la otra decide no llegar a un
acuerdo en la mesa de negociaciones?
¿Qué
puede hacer cada una de las partes, luego de alcanzado el acuerdo, si la otra
rompe su palabra y usa la fuerza de la que dispone para conquistar sus
objetivos a pesar del acuerdo?
En
las negociaciones no se llega a un acuerdo mediante una evaluación de lo bueno
y lo malo de las cuestiones sobre el tapete.
Aunque
sobre esto pueda discutirse mucho, los verdaderos resultados de las
negociaciones se derivan de una evaluación realista de las situaciones de poder
absoluto y relativo de los grupos contendientes.
¿Qué
pueden hacer los demócratas para asegurarse de que un mínimo de sus
reclamaciones no serán denegadas? ¿Qué pueden hacer los dictadores para
mantenerse en control del poder y neutralizar a los demócratas? En otras
palabras, si se llega a un acuerdo, lo más probable es que sea el resultado del
estimado que cada parte haga de la capacidad de poder de ambas y, en consecuencia,
calcule cómo podría terminar una lucha abierta entre las dos.
Debe
prestarse atención a lo que cada parte esté dispuesta a ceder para llegar a un
acuerdo. En negociaciones exitosas hay concesiones recíprocas. Cada parte
consigue parte de lo que quiere
y
cede parte de sus objetivos.
En
los casos de dictadura extrema, ¿qué es lo que las fuerzas pro-democráticas van
a ceder a los dictadores? ¿Qué objetivos de los dictadores tendrán que aceptar
las fuerzas democráticas? ¿Tendrán los demócratas que conceder a los
dictadores, (sean éstos un partido político o una camarilla militar), un papel
permanente, constitucionalmente establecido, en el futuro gobierno? ¿Dónde queda
la democracia entonces? Aun pensando que todo salga bien en las negociaciones,
hace falta preguntarse: ¿qué clase de paz saldrá de ahí? ¿Será entonces la vida
mejor o peor que si los demócratas hubieran empezado o continuado la lucha?
Dictadores
“agradables”
Una
variedad de motivos y objetivos subyacen la dominación de los dictadores: poder,
posición, riqueza, la reestructuración de la sociedad y más. Uno debe recordar
que ninguno de éstos será satisfecho si abandonan sus puestos de control. En
caso de negociar, los dictadores tratarán de preservar sus objetivos.
Cualesquiera
que sean las promesas que los dictadores ofrezcan en un acuerdo negociado, uno
no debe olvidar que ellos son capaces de prometer cualquier cosa con tal de
lograr el sometimiento de las fuerzas opositoras democráticas, y después
descaradamente violar esos mismos acuerdos.
Si
los demócratas acuerdan parar la resistencia a cambio de un alivio en la
represión, van a quedar muy defraudados.
Una
suspensión de la resistencia muy raramente conduce a una disminución de la
represión. Cuando cesa la presión de la oposición interna o internacional, los
dictadores pueden ejercer la opresión y la violencia aún más brutalmente que
antes. El desmoronamiento de la resistencia popular a menudo suprime la fuerza
que sirve de contrapeso y que ha limitado el control y la brutalidad de la dictadura.
Entonces los tiranos pueden avanzar contra los que quieran. “Porque el tirano
tiene poder de obrar sólo donde se carece de fuerza para resistir”, dijo
Krishnalal Shridharani.5
5 Krishnalal
Shridharani, War Without Violence: A Study of Gandhi’s Method and Its
Accomplishments (Guerra sin
Violencia: Un Estudio en los Métodos de Gandhi y sus Logros), (Nueva York: Harcourt, Brace, 1939, y reimpreso en
Nueva York y Londres: Garland
Publishing, 1972), p. 260.
En
los conflictos donde cuestiones fundamentales están en juego, la resistencia,
no las negociaciones, es lo esencial para el cambio. En casi todos los casos,
la resistencia debe continuar hasta que los dictadores sean expulsados del
poder. El triunfo lo determina con más frecuencia, no la negociación de un
arreglo, sino el uso acertado de los métodos de resistencia más apropiados y
poderosos posibles. Estamos convencidos—y lo exploraremos en detalle más adelante—que
el desafío político o la lucha no violenta es el método más poderoso que pueden
emplear los que luchan por la libertad.
¿Qué
clase de paz?
Si
los dictadores y los demócratas van a dialogar sobre la paz, es necesario tener
ideas claras por los peligros que ello implica. No todos los que emplean la
palabra “paz” quieren la paz con libertad y justicia. El sometimiento a una
cruel opresión y el consentimiento pasivo frente a los dictadores desalmados,
que han perpetrado atrocidades en cientos y miles de personas, no constituye
una verdadera paz. A menudo Hitler llamó a la paz, pero lo que quería era el
sometimiento a su voluntad. Por lo general, la paz de los dictadores no es sino
la de la prisión o la tumba.
Existen
otros peligros. Hay negociadores bien intencionados que a veces confunden los
objetivos de las negociaciones con el proceso de éstas. Es más, los
negociadores democráticos o los especialistas extranjeros aceptados para
asistir a los negociadores, pueden, de un solo plumazo, dotar a los dictadores
de una legitimidad doméstica e internacional que previamente se les había
negado a causa de haberse apoderado del estado, las violaciones de los derechos
humanos y las brutalidades cometidas. Sin esa legitimidad tan desesperadamente
necesitada no pueden los dictadores continuar gobernando indefinidamente. Los
representantes de la paz no deben suministrarles esa legitimidad.
Razones
para la esperanza
Como
dijimos antes, los líderes de la oposición pueden sentirse forzados a negociar
si creen que la lucha democrática carece de toda esperanza. Sin embargo, ese
sentimiento de impotencia puede cambiarse. Las dictaduras no son permanentes.
Los que viven bajo una dictadura no tienen por qué permanecer siempre débiles y
a los dictadores no es necesario permitirles que sigan siendo poderosos indefinidamente.
Hace mucho tiempo Aristóteles apuntó: “La oligarquía y la tiranía son las
constituciones que duran menos.” 6...
6 Aristotle, The Politics, traducción de T.A.Sinclair
(Harmondsworth, Middlesex, Inglaterra; y Baltimore, Maryland: “Penguin Books”
1976 [1962]). Libro V, capítulo
12, pp. 231 y 232.
“En ninguna parte han durado mucho tiempo6.” Las dictaduras modernas también son
vulnerables. Se puede agravar su debilidad y desintegrar su poder. (En el Capítulo
Cuatro examinaremos estas debilidades con más detalle).
La
historia reciente muestra la vulnerabilidad de las dictaduras, y revela que
pueden desmoronarse en un plazo relativamente corto. Se necesitaron diez años,
de 1980 a 1990, para que se viniera abajo la dictadura comunista en Polonia,
Alemania Oriental y Checoslovaquia. En 1989 ocurrió ésto en semanas. En El
Salvador y Guatemala, en 1944, la lucha contra los brutales dictadores bien afianzados
duró aproximadamente dos semanas en cada lugar. El poderoso régimen militar del
Shah de Irán fue socavado en pocos meses. La dictadura de Marcos en Filipinas
cayó ante el empuje del pueblo en 1986. El gobierno de los Estados Unidos
abandonó rápidamente al Presidente Marcos cuando la fuerza de la oposición se
hizo patente. El intento de golpe de estado de línea dura en la
URSS
en agosto de 1991 fue bloqueado en unos días por el desafío popular. De ahí en
adelante muchas de las naciones bajo un dominio semejante, recuperaron su
independencia en sólo días, semanas o meses.
Está
claro que no es válida la antigua idea de que los métodos violentos obran rápidamente
y que los no violentos requieren mucho tiempo. Aunque se requiera mucho tiempo
para lograr cambios en la situación subyacente y en la sociedad, la lucha
concreta contra las dictaduras a veces ocurre con relativa rapidez por medio de
la acción no violenta.
Las
negociaciones no son la única alternativa que hay entre una guerra continua de
aniquilación por una parte y la capitulación por la otra. Los ejemplos ya
citados, así como los apuntados en el Capítulo Uno, ilustran que existe otra
opción para aquellos que quieren tanto la paz como la libertad, y ésa es el
desafío político.
Tres
¿De Dónde se
Deriva el Poder?
Conseguir
la libertad con paz, por supuesto que no es tarea fácil. Va a requerirse para
ello una gran destreza estratégica, organización y planificación. Sobre todo,
requiere poder. Los demócratas no pueden esperar derribar la dictadura y
establecer la libertad política sin la capacidad de ejercer su propio poder en
forma eficaz.
¿Pero
cómo es posible esto? ¿Qué clase de poder podrá la oposición democrática
movilizar para destruir la dictadura y su vasta red militar y policiaca? La
respuesta se encuentra en una comprensión del poder político generalmente
ignorada. Llegar a este conocimiento intrínseco no es tarea demasiado difícil.
Algunas verdades fundamentales son muy sencillas.
La
fábula del “Amo de los Monos”
Una
parábola china del siglo XIV, atribuida a Liu Ji, por ejemplo, destaca muy bien
esta interpretación descuidada acerca del poder político:7
7Esta historieta,
originalmente titulada “Rule by Tricks” (“Gobernar por Tretas”), es del Yu-Li-Zi, de Liu Ji (1311-1375). La traducción original se publicó en Nonviolent Sanctions: News from the Albert Einstein Institution (Sanciones Noviolentas: Noticias de la Institución Albert
Einstein), (Cambridge, Mass.) Vol. IV, No. 3 (Invierno 1992-
1993) p. 3.
En
el estado feudal de Chu, un viejo vivía de tener monos a su servicio. Las gentes
lo llamaban “ju gong”: el Amo de los Monos.
Todas
las mañanas el viejo reunía a todos los monos en su patio y ordenaba al más viejo
que condujera a los demás a la montaña a recoger fruta de los árboles y matas.
La regla era que cada mono tenía que darle al viejo la décima parte de lo que
recogiera. Los que no lo hacían eran brutalmente azotados. Todos los monos
sufrían amargamente, pero no se atrevían a protestar.
Un
día, un monito les preguntó a los otros; “¿Fue el viejo quien sembró los árboles
y las matas?” Los otros le respondieron: “No; brotaron solos.” El monito les
dirigió otra pregunta: “¿No podemos nosotros coger la fruta sin permiso del
viejo?” Los otros replicaron: “Sí, todos podemos hacerlo.” El monito siguió:
“¿Entonces por qué tenemos que depender del viejo? ¿Por qué tenemos que servirlo?”
Antes
que el monito hubiera terminado su discurso todos los monos de pronto se
sintieron iluminados, y despertaron.
Esa
misma noche, al observar que el viejo se había quedado dormido, los monos rompieron
las barreras del vallado donde se hallaban encerrados, y destruyeron el recinto
por completo. También se apropiaron de cuanta fruta el viejo tenía guardada y
se la llevaron al bosque, y nunca más volvieron. Al fin el viejo murió de
inanición.
Yu-Li-Zi
dice: “Algunos hombres en el mundo gobiernan a su pueblo mediante tretas y no
por principios rectos.
¿No
son éstos iguales al amo de los monos? La gente no se ha dado cuenta de su
embrutecimiento. Apenas se les ilumine el conocimiento, las tretas dejarán de
funcionar.”
Los
recursos que necesita el poder político
El
principio es sencillo. Los dictadores requieren la ayuda de los gobernados, sin
la cual no pueden ni disponer de las fuentes de poder ni conservarlas. Entre
las fuentes del poder político se encuentran las siguientes:
•
La autoridad - la creencia entre la gente de que el
régimen es legítimo y que tiene el deber moral de obedecerlo;
•
Los recursos humanos - la cantidad e
importancia de las personas y grupos que obedecen a los gobernantes, cooperan con
ellos o los apoyan;
•
El conocimiento y las destrezas - los
que el régimen necesita para llevar a cabo acciones específicas, y que le son
suministrados por las personas y grupos que cooperan con él;
•
Los factores intangibles - los factores
sicológicos e ideológicos que pueden mover a la gente a obedecer y apoyar a los
gobernantes;
•
Los recursos materiales - hasta qué punto
controlan los gobernantes la propiedad o tienen acceso a ella, los recursos naturales,
el sistema económico y los medios decomunicación y transporte; y
•
Las sanciones - castigos con los que se amenaza, o que se
aplican a los desobedientes o a los que no colaboran, para asegurar su sumisión
y cooperación, necesarias ambas para que exista el régimen y para que ponga en
práctica sus políticas.
Todas
estas fuentes, sin embargo, dependen de la aceptación del régimen, del
sometimiento y obediencia de la población al mismo y de la cooperación que le
brindan innumerables personas y muchas de las instituciones de la sociedad.
Estas fuentes no están garantizadas.
Una
plena cooperación, obediencia y apoyo, harán más asequibles los recursos que el
poder necesita, y, en consecuencia, fortalecerán la capacidad de obrar de
cualquier gobierno.
Por
otra parte, el negarles a los agresores y dictadores la cooperación popular e
institucional disminuye y puede anular el acceso a las fuentes de poder de las
que dependen los gobernantes.
Sin
acceso a tales recursos, el poder de los gobernantes se debilita, y finalmente
se disuelve.
Naturalmente,
los dictadores son sensibles a las acciones o ideas que amenazan su capacidad
de obrar como les dé la gana.
Por
lo tanto, ellos están dispuestos a amenazar y castigar a quienes los
desobedezcan, les hagan huelgas o dejen de cooperar con ellos.
No
obstante, aquí no acaba el cuento. Ni la represión ni cuantas brutalidades se
cometan siempre resultan en la recuperación del grado de sumisión y cooperación
que el régimen necesita para funcionar.
Si,
a pesar de la represión, se pueden restringir o recortar durante un tiempo
suficiente los recursos de los que depende el poder, los resultados pueden ser la
incertidumbre y la confusión dentro de la dictadura. Es probable que sobrevenga
entonces un notable debilitamiento de su poder. Con el tiempo, el quitarle los recursos
al poder producirá la parálisis y la impotencia del régimen y, en casos muy
severos, su desintegración. El poder de los dictadores se ira muriendo, lenta o
rápidamente, de inanición política.
Por
lo tanto, el grado de libertad o tiranía que existe bajo cualquier gobierno es
en gran medida un reflejo de la relativa determinación de los súbditos de ser
libres, y de la voluntad y capacidad de éstos de ofrecer resistencia a los
esfuerzos que el gobierno haga por esclavizarlos.
Contradiciendo
la opinión popular, aún las dictaduras totalitarias dependen de la población y
las sociedades que gobiernan.
Como
apuntó el politólogo Karl W. Deutsch en 1953:
El
poder totalitario es fuerte sólo si no tiene que ejercerse con mucha
frecuencia. Si el poder totalitario tiene que imponerse sobre toda la población
y en todo momento, no es probable que se mantenga vigoroso por mucho tiempo.
Como los regímenes totalitarios requieren más poder que cualquier otro tipo de
gobierno para relacionarse con sus gobernados, tienen una necesidad mayor de
que los hábitos de sumisión estén más amplia y firmemente extendidos entre su
pueblo. Más aún, tienen, en caso de necesidad, que poder contar con el apoyo
activo de porciones significativas de la población.8
8Karl W. Deutsch,
“Cracks in the Monolith” (“Grietas en el Monolito”), en la edición de Carl J.
Friedrich de Totalitarianism (El Totalitarismo),
(Cambridge, Mass: Harvard University Press, 1954), pp. 313-314.
John
Austin, el teórico inglés del siglo XIX, describió la situación de una
dictadura que se enfrentara a un pueblo descontento. Austin argumentaba que si
la mayoría de la población estaba decidida a destruir al gobierno, y se hallaba
dispuesta a soportar la represión que le impusiera por ello, entonces el poder
del gobierno, incluyendo aquellos que lo apoyaban, no podría preservar al
odiado régimen, inclusive si recibiera ayuda del extranjero. No se podría
someter de nuevo al pueblo desafiante a la obediencia y la sumisión permanentes,
concluía Austin.9
9John Austin, Lectures on
Jurisprudence or the Philosophy of Positive Law (Conferencias sobre Jurisprudencia o Filosofía del Derecho
Positivo), (5ta. edición, revisada y editada por Robert Campbell, vol 2,
Londres: John Murray, 1911 (1861 ) Vol 1 P 296.
Mucho
antes, Nicolás Maquiavelo había explicado que el príncipe “... que tiene a todo
el pueblo por su enemigo, nunca puede estar seguro, y mientras mayor sea su
crueldad, más débil se irá volviendo su régimen”.10
10Niccolo
Machiavelli “The Discourses of the First Ten Books of Livy” (“Comentarios a las
Décadas de Tito Livio”), en The Discourses of
Niccolo Machiavelli (Los Comentarios de Niccolo Machiavelli), (Londres:
Routledge y Kegan Paul, 1950), Vol 1, p 254.
La
aplicación política de estos principios la demostraron en la práctica los
heróicos noruegos que resistieron la ocupación nazi, y, como se mencionó en el
Capítulo Uno, los valientes polacos, alemanes, checos, eslovacos y muchos más
que resistieron la agresión comunista y su dictadura, y que finalmente
contribuyeron a producir el desmoronamiento del régimen comunista en Europa.
Este, por supuesto, no es un fenómeno nuevo. Los casos de resistencia no violenta
se remontan por lo menos hasta el año 494 a. de C., cuando los plebeyos les
negaron su cooperación a sus amos, los patricios romanos.11
11Ver Gene Sharp, The Politics of
Nonviolent Action (La Política de
la Acción Noviolenta), (Boston: Porter Sargent, 1973), p 75 Y aquí y allá se
encontrarán otros ejemplos históricos.
Los
pueblos en Asia, Africa, las Américas, Australasia y las islas del Pacífico,
así como en Europa han empleado la lucha no violenta en distintos momentos.
Tres
de los factores más importantes para determinar hasta qué grado estará o no
controlado el poder del gobierno, son: 1) el deseo
relativo por parte de la población de imponerle limites al poder del gobierno;
2) la fuerza relativa de las organizaciones e
instituciones independientes para quitarle colectivamente los recursos que
necesita el poder; y 3) la relativa capacidad por
parte de la población de negarle su consentimiento y apoyo.
Centros
de poder democrático
Una
de las características de la sociedad democrática es que existe una multitud de
grupos e instituciones nogubernamentales. Ellas incluyen, por ejemplo, la
familia, las organizaciones religiosas, las asociaciones culturales, clubes
deportivos, instituciones económicas, sindicatos, instituciones estudiantiles,
partidos políticos, pueblitos, asociaciones de colonos, clubes de jardinería,
organizaciones de derechos humanos, grupos musicales, sociedades literarias y
otras.
Estos
cuerpos son importantes porque establecen sus propios objetivos y también
porque ayudan a satisfacer las necesidades de la sociedad.
Además,
estos cuerpos tienen un gran significado político.
Suministran
las bases grupales e institucionales para que la gente pueda ejercer su
influencia en la sociedad y resistir la de otros grupos o del gobierno cuando
éstos claramente se inmiscuyan injustamente en sus intereses, actividades y
propósitos. Los individuos aislados que no son miembros de estos grupos, por lo
general se hallan incapacitados para producir un impacto significativo en la
sociedad, mucho menos en el gobiemo, y ciertamente no en una dictadura.
Por
lo tanto, si la autonomía y libertad de tales cuerpos puede ser suprimida por
los dictadores, la población quedará relativamente indefensa. Además, si estas
instituciones pueden ser controladas dictatorialmente por el poder central, o
sustituidas por otras bajo control de aquél, podrán ser utilizadas para
controlar tanto a los miembros individuales de éstas como a las áreas
correspondientes de la sociedad.
No
obstante, si la autonomía y libertad de estas instituciones civiles
independientes (fuera del control gubernamental) se pueden mantener o
recuperar, éstas serán de suma importancia para la aplicación del desafío
político. El rasgo común en los ejemplos citados, donde las dictaduras han sido
desintegradas o debilitadas, ha sido la valiente aplicación masiva del desafío
político por la población y sus instituciones.
Como
hemos afirmado, estos centros de poder sirven de bases institucionales desde
las cuales la población puede ejercer presión o resistir los controles
dictatoriales. En el futuro, serán una base estructural indispensable para una
sociedad libre. El crecimiento continuado y la independencia de las mismas, por
consiguiente, es a menudo el requisito previo para el triunfo de una lucha de
liberación.
Si
la dictadura ha tenido éxito en destruir o controlar los cuerpos independientes
de la sociedad, será importante para los que ofrezcan resistencia, crear nuevos
grupos sociales e instituciones independientes, o tratar de recuperar el
control de los cuerpos sociales supervivientes o de los parcialmente controlados.
Durante la revolución húngara de 1956-57, apareció una multitud de “concejos de
democracia directa”, que llegaron a juntarse inclusive para establecer durante
varias semanas todo un sistema federal de instituciones y gobierno. En Polonia,
durante las postrimerías de 1980, los trabajadores mantuvieron sindicatos ilegales
de Solidaridad y, en algunos casos, tomaron el control de los sindicatos
oficiales dominados por los comunistas. Algunos de estos procesos
institucionales pueden tener consecuencias políticas muy importantes.
Por
supuesto, nada de esto significa que sea fácil debilitar o destruir una
dictadura, ni que cualquier intento de hacerlo tendrá éxito. Desde luego no
quiere decir que la lucha estará libre de víctimas, porque los que todavía
estén sirviendo a la dictadura van a contraatacar en un esfuerzo por obligar a
la población a regresar a la cooperación y la obediencia.
Sin
embago, esta nueva percepción del poder significa, que la desintegración
deliberada de una dictadura sí es posible. Las dictaduras,
en particular, tienen características específicas que las hacen
vulnerables al desafío político diestramente implementado.
Examinemos
con más detalle estas características.
Cuatro
Las Dictaduras
Tienen Puntos Débiles
Por
lo general las dictaduras parecen invulnerables. Las agencias de inteligencia,
la policía, las fuerzas militares, las prisiones, los campos de concentración y
los pelotones de fusilamiento, están controlados por unos pocos con mucho
poder. Las finanzas de un país, sus recursos naturales y su capacidad de
producción a menudo son saqueados por los dictadores y usados para apoyar la
voluntad de los dictadores.
En
comparación, los fuerzas democráticas con frecuencia aparecen como
extremadamente débiles, ineficaces e impotentes. La percepción de la
invulnerabilidad frente a la impotencia hace poco probable una oposición
efectiva.
Sin
embargo, esto no agota el tema.
Identificando
el talón de Aquiles
Un
mito de la Grecia clásica ilustra bien la vulnerabilidad de lo supuestamente
invulnerable. A Aquiles, el guerrero, ningún golpe podía dañarlo, y ninguna
espada penetrar su piel. Cuando era un recién nacido, se supone que su madre lo
había sumergido en las aguas del mágico río Estigio, y por eso su cuerpo estaba
protegido contra todos los peligros. Había, sin embargo, un problema. Como el
niño había sido sostenido por el talón para que no fuese arrastrado por la
corriente, el agua mágica no había cubierto esa pequeña porción de su cuerpo.
Cuando Aquiles se hizo un hombre, les parecía a todos que era invulnerable
frente a las armas enemigas. Pero en la batalla de Troya un soldado enemigo,
instruido por alguien que conocía la debilidad de aquél, logró clavarle una
flecha en el talón desprotegido, en el único lugar donde podía ser herido. La
herida fue fatal. Todavía hoy la frase “el talón de Aquiles” se refiere a la parte
vulnerable de una persona, un plan o una institución donde si se le ataca, no
está protegida.
El
mismo principio se aplica a los dictadores más desalmados. Ellos también pueden
ser vencidos, pero más rápidamente y con un costo menor si sus debilidades pueden
identificarse y se concentra en ellas el ataque.
Puntos
débiles de las dictaduras
Entre
los puntos débiles de las dictaduras están los siguientes:
1.
Se les puede restringir o negar la cooperación de muchas personas, grupos e
instituciones que necesitan para hacer funcionar el sistema.
2.
Los requisitos y efectos de las políticas anteriores del régimen, de cierta
manera limitan su capacidad presente para adoptar y ejecutar políticas
contrarias.
3.
El sistema puede convertirse en rutinario en cuanto a su modo de obrar y ser
menos apto para ajustarse rápidamente a situaciones nuevas.
4.
El personal y los recursos ya destinados para las tareas habituales no estarán
fácilmente disponibles para nuevas necesidades.
5.
Los subordinados, temerosos de no complacer a sus superiores, pueden no
proporcionar todos los detalles de la información que los dictadores necesitan
para tomar decisiones.
6.
La ideología puede erosionarse; los mitos y símbolos del sistema pueden perder
su solidez.
7.
Si hay una fuerte ideología que influye en la visión de la realidad, una
adhesión firme a la misma puede ser causa de desatención de las condiciones y
necesidades reales.
8.
El deterioro de la competitividad y eficiencia de la burocracia, o los
excesivos controles y regulaciones, pueden volver ineficaces las políticas y
operaciones del sistema.
9.
Los conflictos institucionales internos y las rivalidades y hostilidades
personales pueden dañar, o aún interrumpir, las operaciones de la dictadura.
10.
Los intelectuales y los estudiantes pueden impacientarse por las condiciones o
restricciones o el enfoque doctrinario y la represión.
11.
El público en general puede, con el tiempo, volverse apático y hasta hostil al
régimen.
12.
Las diferencias regionales, de clase o nacionales pueden agudizarse.
13.
La jerarquía del poder de una dictadura es siempre, hasta cierto punto,
inestable y a veces lo es extremadamente; los individuos no permanecen
inmutables en sus posiciones y rangos, sino que pueden elevarse o caer a otros
niveles, o ser separados por completo y sustituidos por un personal nuevo.
14.
Sectores de la policía o de las fuerzas militares pueden actuar para lograr sus
propios objetivos, aún cuando esto sea contra la voluntad de los dictadores en
el poder, y llegar hasta el golpe de estado.
15.
Si la dictadura es nueva, necesita tiempo para afianzarse bien.
16.
Como en una dictadura muy pocos toman muchas decisiones, es probable que
ocurran errores de juicio, de política o de acción.
17.
Si el gobierno está buscando evitar estos peligros, y descentraliza los
controles y la toma de decisiones, su control de los puntos clave para el poder
puede deteriorarse aún más.
Atacando
las debilidades de la dictadura
Conociendo
semejantes debilidades intrínsecas, la oposición democrática puede buscar cómo
agravar esos “talones de Aquiles” deliberadamente, a fin de alterar el sistema
drásticamente o bien desintegrarlo.
La
conclusión es obvia. A pesar de la apariencia de fuerza, todas las dictaduras
tienen sus debilidades, sus ineficiencias internas, sus rivalidades personales,
sus funcionamientos institucionales defectuosos y sus conflictos entre
organizaciones y departamentos.
Estas
debilidades, con el tiempo, tienden a hacer al régimen menos efectivo y más
vulnerable a los cambios de condiciones y a la resistencia deliberada. No todo
lo que el régimen se proponga lo va a lograr, al menos completamente. A veces,
por ejemplo, aún las órdenes directas de Hitler quedaron sin ejecutarse porque
los que estaban por debajo de él en la jerarquía se abstenían de llevarlas a cabo.
El régimen dictatorial puede a veces desbaratarse rápidamente, como ya hemos
observado.
Esto
no quiere decir que las dictaduras se pueden destruir sin riesgos ni víctimas.
Cualquier curso de acción posible para lograr la liberación incurrirá en
riesgos y sufrimiento potencial, y tomará tiempo para poder ponerse en marcha.
Y, por supuesto, ningún medio de acción puede asegurar el triunfo rápido en
cada situación. Sin embargo, los tipos de lucha que tienen como objetivo las
debilidades identificables de la dictadura, tienen más posibilidad de éxito que
aquéllos en que se busca combatir la dictadura allí donde a todas luces ésta es
más fuerte. La pregunta es: ¿cómo ha de conducirse esta lucha?
Cinco
Ejerciendo
el Poder
En
el Capítulo Uno advertimos que la resistencia armada contra las dictaduras no
las afecta donde son más débiles sino más bien donde son más fuertes. Al
escoger competir en el campo de las fuerzas militares, el suministro de
armamentos, la tecnología armamentista y demás, los movimientos de resistencia
tienden a situarse donde están en clara desventaja. Las dictaduras casi siempre
podrán desplazar recursos superiores en esas áreas. Hemos subrayado también el peligro
de confiar en los poderes extranjeros para la salvación. En el Capítulo Dos
examinamos los problemas que conlleva confiar en las negociaciones como un modo
de quitarse las dictaduras de encima. ¿Cuáles son los medios disponibles que
ofrecerán a la resistencia democrática una clara ventaja y que lograrán agravar
las debilidades identificadas de las dictaduras? ¿Qué técnica de acción va a aprovechar
la teoría del poder político que discutimos en el Capítulo Tres? La alternativa
a escoger es el desafío político.
El
desafío político tiene las siguientes características:
•
No acepta que los resultados sean decididos por los medios de lucha escogidos
por la dictadura.
•
Es difícil para el régimen combatirlo.
•
Puede agravar extraordinariamente las debilidades de la dictadura y negarle
acceso a sus fuentes de poder.
•
Puede dispersarse ampliamente en cuanto a la acción, pero también puede
concentrarse en un objetivo específico.
•
Conduce a errores de juicio y de acción por parte de los dictadores.
•
Puede utilizar a la población como un todo, y a los grupos e instituciones de
la sociedad en la lucha y acabar con el dominio brutal de unos pocos.
•
Sirve para acrecentar la distribución del poder efectivo en la sociedad,
haciendo que el establecimiento y mantenimiento de una sociedad democrática sea
más viable.
La
dinámica de la lucha no violenta
Como
sucede con la capacidad militar, el desafío político se puede emplear con una
variedad de propósitos, que van desde esforzarse por influir en los opositores
para que hagan cosas diferentes, crear condiciones para la solución pacífica de
un conflicto, hasta desintegrar el régimen de los adversarios. Pero la dinámica
del desafío político es muy diferente a la de la violencia. Aunque ambas técnicas
son herramientas para luchar, lo hacen por medios muy distintos, y con
distintas consecuencias. Los modos y resultados de un conflicto violento son
bien conocidos. Las armas físicas se usan para intimidar, herir, matar y
destruir.
La
lucha no violenta es una técnica mucho más variada y compleja que la violencia.
A diferencia de ésta, es una lucha que emplea armas políticas, económicas, sociales
y sicológicas, aplicadas por la población y las instituciones de la sociedad. A
estas armas se les ha conocido bajo diversos nombres, como protestas, huelgas, desobediencia
o nocooperación, boicot, descontento y poder popular.
Como
advertimos antes, todos los gobiernos pueden gobernar mientras, por medio de la
cooperación, sumisión y obediencia de la población y de las instituciones de la
sociedad, reciban el constante refuerzo de las fuentes de poder que necesitan.
El desafío político, a diferencia de la violencia, es el instrumento idóneo
para negarle acceso al régimen a esas fuentes de poder.
Las
armas y la disciplina no violentas
El
error común de las campañas improvisadas de desafío político, es la dependencia
o confianza en uno o dos procedimientos, tales como las huelgas y las
manifestaciones. De hecho, existe una multitud de procedimientos que les
permiten a los estrategas de la resistencia tanto concentrar como dispersar la
resistencia, según haga falta.
Se
han podido identificar hasta cerca de doscientos métodos de acción no violenta
y, por supuesto, hay muchos más. Estos procedimientos se clasifican en tres
grandes categorías: protesta y persuasión, no cooperación e intervención. Los
métodos no violentos de protesta y persuasión son mayormente manifestaciones simbólicas,
que incluyen desfiles, marchas y vigilias (54 métodos). La no cooperación se
divide en tres sub-categorías: a) de no cooperación social (16 métodos), b) de
no cooperación económica: el boicot inclusive (26 métodos) y huelgas (23
métodos), y c) de no cooperación política (38 métodos). La intervención no violenta,
mediante procedimientos sicológicos, sociales, económicos o políticos tales como
el ayuno, la ocupación noviolenta y el gobierno paralelo (41 métodos), es el
último grupo. Una lista de 198 de estos métodos se incluye en el apéndice de
esta publicación.
Es
probable que a cualquier régimen ilegítimo le cause graves problemas el uso de
un número considerable de estos métodos— cuidadosamente escogidos, aplicados
persistentemente y en gran escala, fundidos en el contexto de una sabia
estrategia y de tácticas apropiadas, por civiles adiestrados. Esto es aplicable
a todas las dictaduras.
Los
procedimientos de la lucha no violenta pueden enfocar directamente los asuntos
más inmediatos, lo cual no es posible con los medios militares. Por ejemplo, ya
que el problema que presenta una dictadura es esencialmente político, sería muy
importante aplicar las formas políticas de la lucha no violenta. Esto incluiría
la negación de la legitimidad a los dictadores y la no cooperación con su
régimen.
La
no cooperación sería también aplicada contra algunas políticas específicas. A
veces el obstaculizar el trabajo o el demorarlo puede realizarse en silencio, o
aún secretamente, mientras que otras veces, la franca desobediencia o las desafiantes
manifestaciones públicas y las huelgas, pueden ser vistas por todos.
Por
otra parte, si la dictadura es vulnerable a las presiones económicas, o si
muchos de los agravios del pueblo son económicos, entonces la acción económica,
como el boicot o las huelgas, puede ser el procedimiento apropiado para la
resistencia. Los esfuerzos del dictador por explotar el sistema económico
pueden contrarrestarse mediante huelgas generales limitadas, demoras en el
ritmo del trabajo o por la negación de ayuda (o desaparición) de parte de los expertos.
El uso selectivo de diversos tipos de huelgas puede enfocar puntos clave en el
proceso manufacturero, en el transporte, en el suministro de materias primas y
en la distribución de productos.
Algunas
tácticas de la lucha no violenta requieren que la gente realice actos que no
están relacionados con su vida normal, tales como volantear, manejar una
imprenta clandestina, ponerse en huelga de hambre o sentarse a media calle.
Salvo en situaciones muy extremas, para algunas personas estas acciones pueden
ser difíciles de llevar a cabo.
Por
el contrario, otros métodos de lucha no violenta, requieren que la gente
continúe llevando su vida normal aunque con algunas diferencias. Por ejemplo,
pueden ir a trabajar en vez de ponerse en huelga, pero una vez allí, deliberadamente
trabajar más lentamente o con menos eficacia que siempre. Conscientemente se
pueden cometer “errores” con más frecuencia. A veces, uno puede estar “enfermo”
o “impedido” de trabajar, o simplemente se puede negar a trabajar.
Uno
puede asistir a una ceremonia religiosa cuando tal acto no sólo expresa las
convicciones religiosas sino las políticas. Se puede proteger a los niños de la
propaganda de los atacantes mediante la instrucción en casa o en clases
ilegales. Uno puede negarse a pertenecer a cierta organización “recomendada”, o
impuesta a la cual uno antes no hubiera escogido pertenecer libremente. La
semejanza de tal tipo de acción con las actividades acostumbradas de las
gentes, y el grado limitado de desviación de la vida normal, pueden hacer que
la participación en la lucha de liberación nacional sea mucho más fácil para
mucha gente.
Como
la lógica de la lucha no violenta difiere en muchos aspectos de la acción
violenta, hasta una violencia limitada sería contraproducente durante una campaña
de desafío político, porque desviaría la lucha hacia un campo donde los
dictadores tienen una ventaja abrumadora (la contienda armada).
La
disciplina no violenta es clave para el éxito, y debe persistirse en ella a
pesar de las provocaciones y brutalidades de los dictadores y sus agentes.
El
mantener la disciplina no violenta contra los adversarios violentos facilita el
trabajo de los cuatro mecanismos de cambio de la lucha no violenta (de lo que
trataremos más adelante). La disciplina no violenta es también extremadamente
importante en el proceso del jiu-jitsu político. En éste, la pura brutalidad
del régimen contra los activistas claramente noviolentos rebota políticamente
contra la posición del dictador, causando disensión en sus propias filas, y fomentando
el apoyo a los de la resistencia de parte de la población en general, de los
que generalmente defienden al régimen y de terceras personas.
Sin
embargo, en algunos casos una violencia limitada contra la dictadura puede ser
inevitable. La frustración y el odio contra el régimen pueden explotar
violentamente. O bien, ciertos grupos pueden no estar deseosos de abandonar el
uso de medios violentos aún cuando reconozcan el importante papel de la lucha
no violenta.
En
estos casos no es necesario abandonar el desafío político. Sin embargo, será
necesario separar la acción violenta lo más posible de la acción no violenta.
Esto ha de hacerse en términos geográficos, de sectores de la población, de
tiempo y de problemas. De otro modo, la violencia puede tener efectos desastrosos
sobre el uso del desafío político, el cual potencialmente, es mucho más
poderoso y eficaz.
La
historia indica que aún cuando se espera que haya víctimas, tanto muertos como
heridos, en el desafio político las habrá en número mucho menor que las que se
producirían en la contienda armada. Es más, este tipo de lucha no contribuye al
ciclo interminable de matazón y brutalidad.
La
lucha noviolenta requiere una pérdida del miedo y un mayor control sobre sí
mismo, por una parte, y tiende a producir este efecto frente al gobierno y su
represión brutal. Esa pérdida del miedo, o el control sobre sí mismo, es un
elemento clave para destruir el poder que los dictadores tienen sobre la
población en general.
Franqueza,
clandestinidad y comportamiento intachable
La
clandestinidad, el engaño y la conspiración subterránea le plantean problemas
muy graves a un movimiento que emplee la acción no violenta. A menudo, es prácticamente
imposible impedir que los agentes de la policía o de la inteligencia se enteren
de las intenciones y los planes. Desde la perspectiva del movimiento, el clandestinaje
no sólo tiene sus raíces en el miedo sino que contribuye a aumentarlo. Esto
reblandece el espíritu de la resistencia y reduce el número de personas que podrían
participar en una acción específica. También puede contribuir a que dentro del
movimiento, haya sospechas y acusaciones, a menudo injustificadas, acerca de
quién podría ser un informante o un agente de los contrarios. El secreto
también puede afectar la habilidad de un movimiento para persistir en la
práctica de la no violencia. Al contrario, la franqueza en cuanto a planes e
intenciones contribuirá a dar la imagen de que el movimiento de resistencia es
en extremo poderoso. El problema, por supuesto, es más complejo de lo que esto
sugiere, y hay aspectos significativos de las actividades de la resistencia que
van a requerir el secreto. Los entendidos tanto en la dinámica de la lucha no
violenta como en los medios de vigilancia de la dictadura en la situación específica
necesitarán una evaluación bien documentada.
La
edición, impresión y distribución de publicaciones clandestinas, las
trasmisiones ilegales por radio desde dentro del país y la inteligencia
recogida sobre las operaciones de la dictadura, están entre las clases
limitadas de actividades especiales que requieren un alto grado de sigilo.
En
todas las etapas del conflicto es necesario mantener un comportamiento
intachable en la acción no violenta. Factores como el no tener miedo y el
mantener la disciplina no violenta deben estar siempre presentes. Es importante
tener en cuenta que va a necesitarse un gran número de gente para efectuar
grandes cambios. Esa cantidad de participantes confiables sólo se puede obtener
manteniendo el más alto nivel de comportamiento.
Cambios
en las relaciones de poder
Los
estrategas necesitan recordar que el conflicto donde se aplica el desafío
político es un campo de lucha siempre cambiante, con un continuo juego de
ataques y contraataques. Nada es estático. Las relaciones de poder, tanto
absolutas como relativas, están sujetas a cambios rápidos y constantes. Esto es
posible porque los que trabajan en la resistencia continúan tenazmente en su
actividad no violenta a pesar de la represión.
En
este tipo de situación de conflicto, las respectivas variaciones de poder en
los bandos contendientes, tienden a ser más extremas que en los conflictos
violentos, y tienen una gama más variada de consecuencias significativas en lo
político. Debido a esas variaciones, las acciones específicas de los de la
resistencia, por lo general, tienen consecuencias que van más allá del lugar o
el momento en que ocurren. Estos efectos tendrán repercusiones que fortalecerán
o debilitarán a un grupo u otro.
Además,
el grupo noviolento puede, por sus acciones, influir sobre el aumento o
disminución de la fuerza relativa del grupo contrario,
en un grado mucho mayor del que ocurre en los conflictos militares.
Por
ejemplo, la resistencia noviolenta, disciplinada y valiente, frente a la
brutalidad de los dictadores puede producir desazón, descontento o
desconfianza, y, en situaciones extremas, hasta el amotinamiento entre los
propios soldados y el personal al servicio de la dictadura.
Esta
resistencia también puede dar lugar a que aumente la condena internacional de
la dictadura. Además, el empleo del desafío político disciplinado, persistente
y bien adiestrado, puede hacer que más y más gente, que normalmente apoyaría
tácitamente a los dictadores o que por lo general permanecerían neutrales en el
conflicto, participe en la resistencia.
Cuatro
mecanismos de cambio
La
lucha no violenta produce cambios de cuatro maneras. El primer mecanismo es el
que se consideraría menos probable, aunque así ha ocurrido. Cuando los miembros
del grupo contrario se conmueven emocionalmente por los sufrimientos que la
represión ha infligido en los valientes activistas de la resistencia, o
racionalmente se persuaden de que la causa de los de la resistencia es justa,
llegan a aceptar los objetivos de los de la resistencia. A este mecanismo se le
llama conversión. Aunque se dan casos de conversión en la
lucha no violenta, son raros, y en la mayor parte de los conflictos esto no ocurre
de manera alguna, o por lo menos en escala significativa.
Con
mucha más frecuencia la lucha no violenta obra cambiando la situación del
conflicto y de la sociedad, de modo que el adversario simplemente no puede
hacer lo que le viene en gana. Es este cambio el que produce los otros tres
mecanismos: la acomodación, la coerción no violenta y la desintegración. Cuál
de éstos ocurra dependerá del grado en que las relaciones de poder, absolutas o
relativas, hayan cambiado a favor de los demócratas.
Si
las cuestiones a debatir no son fundamentales, las exigencias de la oposición
en una campaña limitada no se consideran amenazantes, y la confrontación de
fuerzas ha alterado las relaciones de poder en alguna medida, el conflicto
inmediato puede terminar por medio de un arreglo al que se llegue cediendo cada
parte algo, contemporizando. A este mecanismo se le llama acomodación.
Por ejemplo, muchas huelgas se resuelven de esta manera, ambas
partes consiguen algunos de sus objetivos, pero ninguna obtiene todo lo que
quería. El gobierno puede percibir que un arreglo semejante trae algunos
beneficios positivos, tales como disminuir la tensión, dar una impresión de
“equidad”, mejorar la imagen internacional del régimen. Es importante, por lo tanto,
que se tenga gran cuidado al seleccionar los puntos por los cuales el arreglo
por acomodación resulte aceptable. La lucha por derribar la dictadura no es uno
de ésos.
La
lucha no violenta puede ser mucho más poderosa de lo que indican los mecanismos
de conversión o acomodación. La no cooperación masiva y el desafío pueden
cambiar la situación política o social, especialmente las relaciones de poder,
de tal manera que los dictadores pierden la capacidad de controlar los procesos
económicos, sociales y políticos del gobierno y la sociedad. Las fuerzas
militares del adversario pueden volverse tan poco confiables que ya simplemente
no obedezcan las órdenes de reprimir a los de la resistencia. Aunque los
dirigentes del gobierno permanezcan en sus posiciones y sigan firmes en cuanto
a sus objetivos originales, han perdido la capacidad de actuar con efectividad.
A esto se le llama coerción no violenta.
En
algunas situaciones extremas, las condiciones que ha producido la coerción no violenta
van aún más lejos. La dirigencia adversaria, de hecho, pierde toda su capacidad
de actuar, y se viene abajo toda su estructura de poder. La auto conducción, la
no cooperación y el desafío de los de la resistencia se hacen tan perfectos que
sus adversarios ahora carecen hasta del simulacro de control sobre ellos. La
burocracia del adversario se niega a obedecer a su propia dirigencia. Las
tropas de los adversarios y su policía se amotinan. Los simpatizantes y colaboradores
del poder adverso repudian a sus antiguos dirigentes y les niegan derecho
alguno a mandar. A partir de esto, la antigua obediencia y colaboración desaparecen.
El cuarto mecanismo de cambio, la desintegración del
sistema del adversario, es tan completo que éste no tiene siquiera poder
suficiente para rendirse. El régimen se ha desintegrado.
Al
planificar las estrategias para la liberación, estos cuatro mecanismos deben
tenerse en cuenta. Algunas veces operan por casualidad. Sin embargo, la selección
de uno o más de éstos como el mecanismo de cambio escogido para que obre en el
conflicto, hará posible que se formulen estrategias específicas que se
refuercen mutuamente. La selección de uno o más mecanismos dependerá de
numerosos factores, inclusive del poder absoluto y relativo de los grupos
contendientes y de las actitudes y objetivos del grupo no violento.
Efectos
democratizadores del desafío político
En
contraste con los efectos centralizantes de las sanciones violentas, el empleo
de las técnicas de la lucha no violenta contribuye a democratizar la sociedad
de varias maneras.
Una
parte del efecto democratizador es negativo. Esto es, en contraste con los
medios armados, esta técnica no suministra un instrumento para la represión
bajo el mando de una élite gobernante, que pueda volverse contra la población
para establecer y mantener una dictadura. Los líderes de un movimiento de
desafío político pueden influir en o presionar a sus seguidores, pero no pueden
ni encarcelarlos ni ajusticiarlos si disienten o escogen otros líderes.
La
otra parte del efecto democratizador es positiva. Esto quiere decir que la
lucha no violenta le da a la población armas para la resistencia, que podrán
usar para defender sus libertades tanto contra los dictadores que existen como
contra los que puedan existir. A continuación, mencionamos varios de los
efectos democratizadores positivos que tiene la lucha no violenta:
•
La experiencia de aplicar la lucha no violenta puede hacer que la población
confíe más en sí misma, en cuanto a desafiar las amenazas del régimen y la
capacidad de éste para la represión violenta.
•
La lucha no violenta entrega las armas de la no cooperación y el desafío,
mediante las cuales la población puede resistirse a los controles no democráticos
que imponga sobre ella cualquier grupo dictatorial.
•
La lucha no violenta se puede usar para defender la práctica de las libertades
democráticas, tales como la de expresión, la prensa libre, las organizaciones
independientes y el derecho a reunirse enfrentándose a controles represivos.
•
La lucha no violenta contribuye en forma importante a la supervivencia, renacimiento
y fortalecimiento de los grupos e instituciones independientes de la sociedad como
mencionamos antes. Estas son importantes para la democracia por el valor que
tienen para movilizar la capacidad de poder de la población y de imponerle límites
al poder efectivo de cualquier dictador en potencia.
•
La lucha no violenta suministra armas mediante las cuales la población logra
concentrar su poder contra la acción represiva, policiaca o militar, ejercida
por un gobierno dictatorial.
•
La lucha no violenta ofrece métodos mediante los cuales la población y las
instituciones independientes pueden, en interés de la democracia, restringirle
o negarle los recursos de poder a la minoría gobernante y por lo tanto,
amenazar su capacidad de seguir ejerciendo la dominación.
La
complejidad de la lucha no violenta
Como
hemos visto en esta exposición, la lucha no violenta es una compleja técnica de
acción social, que comprende una multitud de métodos, una serie de mecanismos
de cambio y unos requisitos conductuales específicos. Para que resulte
efectivo, especialmente contra una dictadura, el desafío político requiere preparación
y planeación. Los probables participantes tendrán necesidad de comprender qué
se espera de ellos. Hace falta que haya recursos disponibles. Los estrategas tendrán
que haber analizado cómo se puede aplicar la lucha no violenta con más
efectividad. Ahora dirigiremos nuestra atención hacia ese elemento crucial: la
necesidad de una planificación estratégica.
Seis
Necesidad
de la Planificación Estratégica
Las
campañas de desafío político contra las dictaduras pueden empezar de varias
maneras. En el pasado, estas luchas casi nunca se planeaban y eran de hecho
accidentales. Algunos de los agravios específicos que desencadenaron las acciones
anteriores han variado notablemente, pero a menudo incluyeron nuevas
brutalidades, el arresto o la muerte de una persona tenida en alta estima, una nueva
política o regulación represiva, escasez de alimentos, falta de respeto a las
creencias religiosas o el aniversario de un importante acontecimiento
relacionado con el hecho. A veces una acción específica de parte de la
dictadura ha enfurecido a la población de tal manera que ésta se ha precipitado
a la acción, sin tener la menor idea de cómo podía acabar la insurgencia. Otras
veces, un individuo valiente o un pequeño grupo, puede haber iniciado una
acción que atrajo apoyo. Un malestar específico puede ser reconocido por otros como
semejante a las injusticias que ellos han experimentado, y éstos también podrán,
en consecuencia, sumarse a la lucha. A veces un llamado a la resistencia por
parte de un pequeño grupo o de una persona puede encontrar inesperadamente una
inmensa acogida.
Aunque
la espontaneidad tiene algunas cualidades valiosas, a menudo ha ofrecido
desventajas. Con frecuencia los de la resistencia democrática no han previsto
las brutalidades de la dictadura. En consecuencia, han tenido que sufrir gravemente,
y la resistencia se ha desplomado. A veces, la falta de planificación por parte
de los demócratas ha dejado las decisiones cruciales al azar, con resultados desastrosos.
Aun cuando el sistema represivo haya sido derribado, la falta de planificación
en cuanto a cómo manejar la transición a un sistema democrático ha facilitado
el surgimiento de una nueva dictadura.
Planificación
realista
En
el futuro, la acción popular no planificada indudablemente va a jugar un papel
importante en los movimientos contra las dictaduras. Sin embargo, ahora ya es
posible calcular los modos más efectivos de dar al traste con una dictadura,
determinar cuando la situación política y el sentir popular están maduros, y
cómo decidir la manera de comenzar una campaña. Se requiere un juicio muy
cauto, basado en un cálculo realista de la situación y
de las capacidades del pueblo, para seleccionar la manera más efectiva de
conquistar la libertad en tales circunstancias.
Si
uno desea lograr algo, es de sabios planear cómo hacerlo.
Mientras
más importante sea la meta, o mayor la gravedad de las consecuencias en caso de
fracaso, más importante resulta la planeación. La planificación estratégica
aumenta la probabilidad de que todos los recursos que puedan conseguirse se
movilicen y empleen de la manera más efectiva. Esto es especialmente cierto cuando
se trata de un movimiento democrático—que dispone de recursos materiales
limitados y cuyos colaboradores están en peligro— que esté tratando de derribar
una potente dictadura. Por el contrario, la dictadura por lo general tiene
acceso a muchos recursos materiales, fuerza organizativa y capacidad de cometer
barbaridades.
“Planificar
una estrategia” aquí quiere decir calcular un curso de acción que hará factible
pasar de una situación presente a un futuro deseado. En los términos de esta
discusión, significa pasar de la dictadura a un sistema democrático en el
futuro. Un plan para alcanzar esos objetivos por lo general consiste en una
serie, en distintas etapas, de campañas y otras actividades, organizadas y
diseñadas para fortalecer a la población y la sociedad oprimidas y para debilitar
la dictadura. Adviértase aquí que el objetivo no es simplemente destruir la
dictadura en curso, sino establecer un sistema democrático. Una gran estrategia
que limite su objetivo sólo a destruir la dictadura en boga corre un terrible
riesgo de producir otro tirano.
Obstáculos
a la planificación
Algunos
partidarios de la libertad, en diversas partes del mundo, no ponen toda su
capacidad al servicio de cómo alcanzar la liberación. Sólo raramente esos
abogados de la causa reconocen plenamente la importancia de una meticulosa
planificación estratégica antes de actuar. Por lo tanto, casi nunca lo hacen.
¿Por
qué será que las personas que tiene la visión de traer la libertad política a
su pueblo, tan raramente preparan un plan estratégico global a fin de alcanzar
esa meta? Desafortunadamente, con frecuencia la mayoría de los miembros de un
grupo democrático de oposición no entienden la necesidad que hay de planear o
no están acostunbrados o capacitados a pensar estratégicamente.
Esta
es una tarea difícil. Constantemente acosados por la dictadura y agobiados por
sus responsabilidades inmediatas, los líderes de la resistencia no tienen ni la
seguridad ni el tiempo para desarrollar las destrezas de cómo pensar en base a
lo estratégico.
Por
el contrario, el patrón común es simplemente reaccionar a las iniciativas de la
dictadura. Así la oposición está siempre a la defensiva, tratando de defender
libertades limitadas o los bastiones de la libertad; en el mejor de los casos,
demorando el avance de los controles dictatoriales, u ocasionándoles problemas
a las nuevas políticas del régimen.
Algunos
individuos o grupos, por supuesto, no ven que haya necesidad de una amplia planificación
a largo plazo para un movimiento de liberación. En cambio, piensan ingenuamente
que si ellos simplemente se abrazan a sus ideales con fuerza y tesón durante un
tiempo suficiente, de alguna manera acabarán por realizarlos. Otros asumen que
porque simplemente viven y dan testimonio de sus principios e ideales frente a
las dificultades, están haciendo cuanto pueden para implementarlos.
El
compromiso con los objetivos humanitarios y la lealtad a los ideales son
admirables pero inadecuados para acabar con una dictadura y conquistar la libertad.
Otros
opositores de la dictadura muy ingenuamente creen que si sólo llegan a emplear
la violencia suficiente, la libertad llegará sola. Pero, como apuntamos antes,
la violencia no garantiza el éxito.
En
vez de a la liberación, ésta puede llevar a la derrota, a la tragedia masiva o
a ambas. En la mayoría de los casos la dictadura está mejor equipada para la
lucha violenta, y las realidades militares rara vez están a favor de los
demócratas.
También
hay activistas que basan su acción en lo que ellos sienten que deben hacer.
Estos modos de abordar la situación son no sólo egocentristas sino que no ofrecen
guía alguna para desarrollar una gran estrategia de liberación.
La
acción basada en la “idea genial” que alguien haya tenido también es limitada.
Lo que se necesita en lugar de eso es la acción basada en un cálculo minucioso
de los “siguientes pasos” que hay que dar para derrocar la dictadura. Sin un análisis
estratégico, los líderes de la resistencia a menudo no sabrán cuál deberá ser
ese “siguiente paso”, porque no han pensado seriamente en los pasos sucesivos que
hay que dar para alcanzar la victoria. La creatividad y las ideas brillantes
son muy importantes, pero tienen que ser utilizadas para hacer avanzar la causa
de las fuerzas democráticas.
Sagazmente
alerta en cuanto a la multitud de acciones que podrían tomarse contra la
dictadura, e incapaces de determinar cuándo empezar, algunas personas aconsejan
“Hacerlo todo al mismo tiempo”. Esto podría ser útil, pero, por supuesto, es
imposible, especialmente en momentos relativamente débiles. Es más, un enfoque
semejante no suministra una guía acerca de dónde comenzar, dónde concentrar el
esfuerzo y cómo usar los recursos, la mayor parte de las veces limitados.
Otras
personas o grupos pueden contemplar la necesidad de alguna planificación, pero
sólo pueden pensarla a corto plazo y sobre base táctica. Puede que no vean que una
planificación a largo plazo es necesaria o posible. Puede que a veces sean
incapaces de pensar y analizar en términos estratégicos, y se permiten,
repetidamente, ser distraídos por cuestiones de poca monta, a menudo
respondiendo más a las acciones de sus adversarios en lugar de tomar la
iniciativa para la resistencia democrática. Dedicándoles tanta energía a actividades
de corto plazo, estos líderes con frecuencia dejan de explorar cursos
alternativos de acción, donde podrían encauzarse todos los esfuerzos para ir
acercándose progresivamente a la meta.
También
es quizá posible que algunos movimientos democráticos no planeen una gran
estrategia para hacer caer la dictadura, sino que se concentren en problemas
inmediatos por alguna muy buena razón.
En
su fuero interno no creen que pueden acabar con la dictadura por su propio
esfuerzo. Por consiguiente, el planear cómo hacerlo se considera una romántica
pérdida de tiempo o un ejercicio inútil.
Los
que luchan por la libertad contra una dictadura brutal bien establecida tienen
que enfrentarse a un poder militar y policiaco tal que parece que los
dictadores siempre podrán salirse con la suya.
Carentes
de verdadera esperanza, estas personas, a pesar de todo, desafiarán la
dictadura por razones de integridad o tal vez de historia.
Aunque
no lo admitan nunca, ni lo reconozcan jamás, sus acciones a sus propios ojos
estarán desprovistas de esperanza. A partir de ahí, para ellos la planeación de
una gran estrategia a largo plazo no vale la pena.
El
resultado de esa incapacidad de planear estratégicamente suele ser drástico: se
dispersan las fuerzas, las acciones son inefectivas, se dilapida la energía en
asuntos sin importancia, y los sacrificios se hacen para nada. Si los
demócratas no planifican estratégicamente, lo más probable es que no alcancen
sus objetivos.
Una
mezcla de acciones no planeadas ni integradas, no va a llevar adelante ningún
esfuerzo de resistencia significativo. En lugar de ello, lo más probable es que
le permitan a la dictadura aumentar sus controles y su poder.
Desafortunadamente,
porque rara vez se desarrollan planes estratégicos amplios para la liberación,
las dictaduras parecen ser más duraderas de lo que de hecho son. Sobreviven por
años y décadas más allá de lo que podría ser el caso.
Cuatro
términos importantes para la planificación estratégica
A
fin de ayudarnos a pensar estratégicamente, es importante percibir con claridad
qué significan cuatro términos básicos.
La
gran estrategia: es la concepción que sirve para coordinar y
dirigir el uso de todos los recursos apropiados y disponibles (económicos,
humanos, morales, políticos, organizacionales, etc.) de un grupo que busca
alcanzar sus objetivos en un conflicto.
La
gran estrategia, al enfocar la atención del grupo en los objetivos primarios y
en los recursos en el conflicto, escoge entre las técnicas de acción más
apropiadas (tales como la acción militar convencional o la lucha no violenta)
cuál ha de emplearse en la contienda. Al planear la gran estrategia, los
líderes de la resistencia deben evaluar y planificar qué presiones e
influencias han de aplicarse sobre los adversarios.
Más
adelante, la gran estrategia tendrá que ocuparse de las decisiones sobre las
condiciones y el momento apropiado en que las campañas de resistencia,
iniciales y subsecuentes, deban echarse a andar.
La
gran estrategia sienta el organigrama básico para la selección de las
estrategias menores con las que se ha de desarrollar la lucha.
La
gran estrategia, además, determina a cuáles grupos específicos se les
encomendarán tareas generales así como la distribución de los recursos que se
han de emplear en la lucha.
La
estrategia es la concepción de cómo alcanzar los
objetivos en un conflicto de la mejor manera, operando en el ámbito de la gran estrategia
escogida. La estrategia tiene que ver con si se ha de pelear o no, y cuándo y
cómo, así como con el modo de lograr el máximo de efectividad al luchar por
ciertos fines. A la estrategia se la ha comparado con el concepto del artista,
y a la planificación estratégica con el proyecto o plano detallado de un
arquitecto.12
12 Robert Helvey,
comunicación personal, 15 de agosto de 1993.
La
estrategia incluirá también los esfuerzos por desarrollar una situación tan
ventajosa para los retadores que los retados puedan prever que un conflicto
abierto les ocasionaría una derrota, y así se decidan a capitular sin llegar al
combate. 0 si no, que la situación estratégica sea tan buena que el triunfo de los
retadores en la contienda resulte evidente. La estrategia comprende también
cómo usar bien los triunfos obtenidos.
Aplicado
al desarrollo de la lucha en sí, el plan estratégico indica cómo debe
desarrollarse la campaña y cómo los diferentes componentes de la misma tienen
que combinarse unos con otros, para llevarla lo más ventajosamente posible a
conquistar sus objetivos. Comprende el hábil desplazamiento de los grupos de acción
particulares, en operaciones menores. La planeación de una buena estrategia,
tiene que considerar que se requiere una técnica de lucha, escogida para el
éxito de la operación. Las diferentes técnicas tendrán diferentes exigencias.
Por supuesto, el cumplir con
“requisitos”
no basta para asegurar el triunfo. Pueden necesitarse otros factores.
Al
trazar las estrategias, los demócratas han de definir claramente sus objetivos,
y determinar cómo medir la efectividad de los esfuerzos para alcanzarlos. Esta
definición y análisis permite al estratega identificar las condiciones precisas
para lograr cada objetivo seleccionado. La necesidad de claridad y definición
se aplica igualmente a la planificación táctica.
Las
tácticas y los métodos de acción se usan para llevar a cabo la estrategia. La táctica
se refiere al mejor uso de las propias fuerzas, para obtener la
máxima ventaja, en una situación limitada. Una táctica es una acción limitada,
que se usa para alcanzar un objetivo restringido. La selección de las tácticas
se rige por el principio de cómo usar de la mejor manera, en una fase limitada
del conflicto, los medios disponibles de combate para implementar la
estrategia. Para ser más efectivos, las tácticas y los métodos siempre deben
escogerse y aplicarse para lograr los objetivos estratégicos.
Las
victorias tácticas que no refuerzan la consecución de los objetivos
estratégicos pueden, al final, convertirse en energía despilfarrada.
Una
táctica, por lo tanto, se escoge en función de un curso de acción limitado, que
encaja dentro de una estrategia más amplia; así como una estrategia encaja
dentro de la gran estrategia. Las tácticas siempre tienen que ver con la lucha
mientras que la estrategia incluye consideraciones más amplias. Una táctica en
particular sólo puede ser comprendida como parte de la estrategia total de una
batalla o de una campaña. Las tácticas se aplican por un período de tiempo más
breve que las estrategias, en áreas más reducidas (geográficas, institucionales,
etc.), por un número más limitado de personas, o para lograr objetivos más
limitados. En la acción no violenta, la distinción entre un objetivo táctico y
otro estratégico puede deberse parcialmente a que el objetivo de la acción sea
más o menos importante.
Las
alianzas tácticas ofensivas se escogen para apoyar la conquista de los
objetivos estratégicos. Los compromisos tácticos son herramientas de las que se
vale el estratega a fin de crear condiciones favorables para dirigir ataques
decisivos contra un adversario. Es muy importante, por consiguiente, que
aquellos a quienes se ha dado la responsabilidad de planificar y ejecutar las operaciones
tácticas tengan la habilidad de discernir la problemática de la situación y
escoger los procedimientos más apropiados para enfrentarla. Aquellos que se
supone que han de participar, deben estar entrenados en el uso de la táctica
escogida y en los medios específicos.
El
método o procedimiento se refiere a las armas
específicas o medios de acción. Entre las técnicas de la lucha no violenta se incluyen
docenas de formas particulares de acción (tales como los muchos tipos de huelga,
el boicot, la resistencia pasiva política y otras parecidas), citadas en el
Capítulo Cinco. (Ver también el Apéndice.)
El
desarrollo de un plan estratégico responsable y efectivo, para una lucha no violenta,
depende de la selección y formulación minuciosa de la gran estrategia, las
estrategias de campaña, las tácticas y los métodos.
La
lección principal de esta discusión es que para liberarse de una dictadura se
requiere un uso calculado de nuestro propio intelecto para planificar
cuidadosamente la estrategia. La incapacidad de planificar inteligentemente
puede contribuir al desastre, mientras que el empleo efectivo de nuestras capacidades
intelectuales puede trazar el rumbo de un curso estratégico que juiciosamente
utilice nuestros recursos disponibles para impulsar a la sociedad hacia los objetivos
de la libertad y la democracia.
Siete
Planificando
la Estrategia
Para
aumentar las posibilidades de éxito, los líderes de la resistencia necesitarán
formular un plan de acción global, capaz de fortalecer a la gente que sufre,
debilitar la dictadura, después destruirla, y construir una democracia
duradera. Para poder llevar a cabo tal plan de acción, es necesario hacer un
cálculo minucioso de la situación y de las opciones para una acción eficaz. En
base a un análisis así de preciso se pueden desarrollar tanto la gran
estrategia como las de campañas específicas para alcanzar la libertad. Aunque
relacionados entre sí, el desarrollo de la gran estrategia y el de las
estrategias de campaña son dos procesos separados. Las estrategias de campaña han
de diseñarse para alcanzar y reforzar los objetivos de la gran estrategia.
El
desarrollo de la estrategia de resistencia requiere que se preste atención a
muchas interrogantes y tareas. Identificaremos aquí algunos de los factores
importantes que han de considerarse, a nivel de gran estrategia así como en el
de las estrategias de campaña.
Toda
la planificación estratégica, sin embargo, requiere que los planificadores de
la resistencia tengan una profunda comprensión de toda la dinámica del
conflicto, y que le presten atención a los factores históricos,
gubernamentales, militares, culturales, sociales, políticos, sicológicos,
económicos e internacionales inclusive. Las estrategias sólo pueden
desarrollarse en el contexto de la lucha particular y sus antecedentes.
Como
asunto de primera importancia, los líderes democráticos y planificadores
estrategas querrán plantearse los objetivos y la importancia de la causa. ¿Vale
la pena empeñarse en una lucha semejante por esos objetivos? Si es así, ¿por
qué? Es crítico determinar el verdadero propósito de la lucha. Ya hemos dicho en
este trabajo que no basta con derribar
la dictadura, o quitar a los dictadores actuales. El objeto de estas luchas
debe ser el establecimiento de una sociedad libre, con un sistema democrático de
gobierno. La claridad sobre estos puntos influirá en el desarrollo de la gran
estrategia y de las subsiguientes estrategias específicas.
En
particular, los estrategas tienen que dar respuesta a muchas interrogantes
fundamentales como éstas:
•
¿Cuáles son los principales obstáculos para lograr la libertad?
•
¿Qué factores facilitarían el alcanzarla?
•
¿Cuáles son los puntos fuertes de la dictadura?
•
¿Cuáles son las diversas debilidades de la dictadura?
•
¿Hasta qué punto son vulnerables las fuentes de poder de la dictadura?
•
¿Cuáles son los puntos fuertes de las fuerzas democráticas y de la población en
general?
•
¿Cuáles son los puntos débiles de las fuerzas democráticas y de la población en
general, y cómo pueden corregirse?
•
¿Cuál es la posición de terceras personas no inmediatamente involucradas en el
conflicto que están ayudando, o podrían ayudar, bien a la dictadura, bien al
movimiento democrático y cómo podrían hacerlo?
Escogiendo
los medios
A
nivel de gran estrategia, se necesitará que los estrategas escojan el medio de
lucha idóneo que ha de emplearse en el conflicto venidero.
Necesitan
evaluar las ventajas y limitaciones de varias técnicas alternativas de lucha,
tales como la beligerancia militar convencional, la guerra de guerrillas, el
desafío político y otras.
Para
llevar a cabo esta selección, los estrategas necesitan considerar interrogantes
como las siguientes:
¿Estará
el tipo de lucha que se escoja dentro del marco de las capacidades de los
demócratas?
¿Utilizará
la técnica escogida las fuerzas de la población dominada?
¿Enfoca
la técnica escogida las debilidades de la dictadura o busca golpearla donde
está más fuerte? ¿Los medios que se usen ayudarán a los demócratas a cobrar más
confianza en sí mismos, o dependerán de terceras personas o de proveedores
externos? ¿Qué historial tienen los medios escogidos de haber servido para el
derrocamiento de otras dictaduras? ¿Producirán un aumento, o una disminución en
la cantidad de víctimas y otras pérdidas que podrían ocurrir en el conflicto
venidero? Asumiendo que se vaya a tener éxito en cuanto al derrocamiento de la
dictadura, ¿qué efecto tendrían los medios escogidos en el tipo de gobierno que
emerja después de la lucha? Es necesario excluir los tipos de acción que se
consideren contraproducentes para el desarrollo de la gran estrategia.
En
los capítulos anteriores hemos argumentado que el desafío político ofrece
ventajas significativas en comparación con las otras técnicas de lucha. Los
estrategas tendrán que analizar la dinámica de sus conflictos particulares, y
determinar si el desafío político responde afirmativamente a las interrogantes
anteriores.
Planificando
para la democracia
Debemos
recordar que el objetivo de la gran estrategia contra la dictadura no es
simplemente la caída de los dictadores sino establecer un sistema democrático y
hacer imposible el surgimiento de una nueva dictadura. Para alcanzar estos
objetivos será necesario que los medios de lucha que se escojan contribuyan a
cambiar la distribución del poder efectivo de la sociedad. Bajo la dictadura,
la población y las instituciones civiles de la sociedad han sido demasiado
débiles y el gobierno demasiado fuerte. Si no se corrige este desequilibrio, la
nueva camarilla, si así lo quisiere, podría ser tan dictatorial como la
anterior. Una “revolución palaciega” o un golpe de estado, por consiguiente, no
es bienvenido.
El
desafío político contribuye a una más equitativa distribución del poder
efectivo, mediante la movilización de la sociedad contra la dictadura, tal como
fue discutido en el Capítulo Cinco. Este proceso ocurre de diversas maneras. El
desarrollo de una capacidad de lucha noviolenta significa que la capacidad de
represión violenta de la dictadura ya no va a producir la intimidación ni la
sumisión de la población tan fácilmente. Ésta va a tener a su disposición
poderosos medios de acción para contrarrestar y, a veces, hasta bloquear el ejercicio
del poder de los dictadores. Además, la movilización del poder popular por
medio del desafío político va a fortalecer las instituciones independientes de
la sociedad. La experiencia de haber ejercido alguna vez un poder efectivo no
se olvida fácilmente. El conocimiento y adiestramiento que se adquieren en la
lucha harán que la población sea menos propensa a que los posibles dictadores la
dominen en el futuro. Este cambio en las relaciones de poder hará mucho más
probable el establecimiento de una sociedad democrática duradera.
Ayuda
del exterior
Como
parte de la preparación de la gran estrategia, se necesita calcular qué papel
han de jugar la resistencia interna y las presiones externas en la
desintegración de la dictadura. En este análisis, hemos insistido que la fuerza
principal de la lucha debe provenir del interior mismo del país. El nivel que
llegue a alcanzar la ayuda internacional dependerá de cuánto pueda ésta ser
estimulada por la lucha interna.
Como
un complemento muy limitado, se pueden hacer esfuerzos por movilizar la opinión
pública mundial contra la dictadura desde un punto de vista humanitario, moral
o religioso. Se puede trabajar para lograr que los gobiernos y las organizaciones
internacionales apliquen sanciones diplomáticas, políticas y económicas contra la
dictadura. Éstas podrán ser embargos económicos o de armamento, reducción de
los niveles de reconocimiento diplomático, negación de asistencia económica y
prohibición de inversiones en el país bajo una dictadura, expulsión del
gobierno dictatorial de las diversas organizaciones internacionales y de los
organismos de las Naciones Unidas. Además asistencia internacional como ayuda financiera
o de comunicaciones, podrá suministrárseles directamente a las fuerzas
democráticas.
Formulando
una gran estrategia
Después
de un estudio de la situación, la selección de los medios y la determinación de
qué papel ha de jugar la ayuda del exterior, los planificadores de la gran
estrategia tendrán que esbozar a grandes rasgos la mejor manera de desarrollar
el conflicto. Este amplio plan se extendería desde el presente hasta la
liberación e instauración de un sistema democrático en el futuro. Al formular
una gran estrategia, estos planificadores tendrán que hacerse una serie de
preguntas. Las siguientes interrogantes, de una manera más específica que
antes, plantearán los considerandos que han de tenerse en cuenta al diseñar una
gran estrategia para una lucha mediante el desafío político.
¿Cuál
es la mejor manera de empezar una lucha a largo plazo?
¿Cómo
podría la población oprimida acumular suficientes fuerzas y confianza en sí
misma para desafiar la dictadura, aunque inicialmente sea de manera limitada?
¿Cómo puede aumentarse con el tiempo y la experiencia la capacidad de la
población de aplicar la no cooperación y el desafío político? ¿Cuáles deberán
ser los objetivos a alcanzar en una serie de campañas limitadas, dirigidas a
recuperar el control democrático de la sociedad y a limitar el de la dictadura?
¿Quedan
aún instituciones independientes que hayan sobrevivido la dictadura y que
pueden usarse en la lucha por establecer la libertad? ¿Qué instituciones de la
sociedad pueden ser rescatadas del control de los dictadores, o cuáles
instituciones han de ser creadas de nuevo por los demócratas para satisfacer
las necesidades de éstos y para establecer esferas de ejercicio democrático aún
cuando la dictadura continúe?
¿Cómo
puede desarrollarse la fuerza organizacional en la resistencia? ¿Cómo se puede
adiestrar a los participantes? ¿Qué recursos (financieros, materiales, etc.) se
requerirán a lo largo de la lucha? ¿Qué tipo de simbolismo será el más efectivo
para movilizar a la población? ¿Por medio de qué tipo de acción y en qué etapas
se verán progresivamente debilitados o eliminados los recursos del poder de los
dictadores? ¿Cómo puede la población que resiste persistir en el desafío y a la
vez mantener la necesaria disciplina no violenta?
¿Cómo
podrá la población satisfacer sus necesidades básicas durante el curso de la
lucha? ¿Cómo se podrá mantener el orden social en medio del conflicto? ¿Qué
hará la resistencia democrática, a medida que se aproxime la victoria, para seguir
construyendo las bases de la sociedad de la post-dictadura y lograr que la
transición sea lo menos brusca posible?
Recuérdese
que no hay un curso prescrito, ni se puede crear un modelo de estrategia para
cada movimiento de liberación contra las dictaduras. Cada lucha por derribar un
régimen de fuerza y establecer un sistema democrático tendrá que ser diferente.
Nunca habrá dos situaciones exactamente iguales. Cada dictadura tiene algunas
características individuales, y variarán las capacidades de la población que
busca liberarse. Los planificadores de una gran estrategia para una lucha de
desafío político requerirán una profunda comprensión, no sólo de su situación
específica de conflicto sino también de los medios de lucha que hayan escogido.13
13Se recomienda el
estudio completo de Gene Sharp, The Politics of Nonviolent Action (La Política de la Acción Noviolenta), y de Peter Ackerman y
Christopher Kruegler, Strategic Nonviolent Conflict (El Conflicto Estratégico Noviolento), (Westport, Connecticut: Praeger, 1994). También ver Gene Sharp, Waging Nonviolent Struggle: Twentieth Century Practice
and Twenty-First Century Potential. Venidero.
Cuando
la gran estrategia para la lucha ha sido cuidadosamente planificada hay razones
de peso para darla a conocer ampliamente. Las grandes cantidades de gente que
hace falta que participen estarán más dispuestas y aptas para actuar si entienden
la concepción general así como las instrucciones específicas. Es posible que el
saber esto tenga un efecto muy positivo en la moral y en su voluntad de
participar y actuar apropiadamente. En todos los casos los lineamientos
generales de la gran estrategia se darán a conocer a los dictadores y esto,
potencialmente, puede llevar a aquéllos a ser menos brutales en su represión, a
sabiendas de que, políticamente, puede salirles el tiro por la culata. El haber
sido alertados sobre las características especiales de la gran estrategia
podría también contribuir a causar disensiones o descontento entre los
partidarios del dictador.
Una
vez que se ha adoptado un plan estratégico global para hacer caer la dictadura
y establecer un sistema democrático, es importante que los grupos democráticos
persistan en aplicarlo. En muy raras circunstancias deberá la lucha apartarse
del plan inicial de la gran estrategia. Cuando haya abundante evidencia de que
la gran estrategia escogida fue mal concebida, o cuando las circunstancias de
la lucha hayan cambiado fundamentalmente, es posible que los planificadores
tengan que alterar la gran estrategia. Aún entonces, deberá hacerse solamente
después de que el cálculo fundamental se haya hecho de nuevo, y se haya
desarrollado y adoptado una estrategia nueva más adecuada.
Planificando
las estrategias de campaña
No
importa cuán sabia y promisoria sea, una gran estrategia desarrollada para
terminar con la dictadura no se ejecuta por sí sola.
Hará
falta que se desarrollen estrategias particulares para orientar las principales
campañas enfocadas al socavamiento del poder de los dictadores. Estas
estrategias, en su momento, van a incorporar y dirigir una serie de movimientos
tácticos que aspiran a infligir golpes decisivos contra el régimen de los
dictadores. Las tácticas y los métodos de acción específicos deben escogerse
cuidadosamente para que contribuyan a alcanzar los objetivos de cada estrategia
particular. La discusión aquí se enfoca exclusivamente a nivel de estrategia.
Hace
falta que los estrategas que planifican las campañas mayores, así como los que planificaron
la gran estrategia, tengan una comprensión minuciosa de la naturaleza y de los
modos operacionales de la técnica que hayan escogido para la lucha. Así como
los oficiales militares tienen que entender de estructuras de fuerza, táctica,
logística, pertrechos, efectos geográficos y demás para urdir una estrategia
militar, los planificadores del desafío político deben conocer bien la
naturaleza y los principios estratégicos básicos de la lucha no violenta. Aunque
así fuere, la atención a las recomendaciones de este ensayo y la respuesta a
las preguntas que planteamos aquí, no producirán por sí mismos las estrategias.
La formulación de las estrategias para la lucha requiere además de una creatividad
bien informada.
Al
planificar las estrategias para las campañas específicas y selectivas de
resistencia, y para el desarrollo a largo plazo de la lucha de liberación, los
estrategas del desafío político tienen que considerar varios puntos y
problemas, entre los cuales se encuentran los siguientes:
•
Determinación de los objetivos específicos de la campaña y de cómo éstos
contribuyen a hacer efectiva la gran estrategia;
•
Consideración de los métodos específicos o armas políticas que mejor se puedan
emplear para implementar la estrategia escogida. Dentro del plan estratégico
integral para una campaña en particular, será necesario determinar qué planes tácticos
menores y qué métodos de acción específicos se deben emplear para imponer
presiones y restricciones a las fuentes de poder de la dictadura. Recuérdese
que el alcanzar los objetivos mayores vendrá como resultado de haber escogido
cuidadosamente, e implementado específicamente, los pasos menores.
•
Determinación de si los asuntos económicos deben relacionarse con la lucha
total, que es esencialmente política, y de cómo. Si los asuntos económicos han
de ser prominentes en la lucha, hay que cuidar que los malestares económicos de
veras podrán remediarse luego de liquidada la dictadura. Si no, la desilusión y
el descontento cundirán, a menos que se provean soluciones rápidas durante el
período de transición a una sociedad democrática. Esa desilusión puede suscitar
el ascenso de las fuerza dictatoriales que prometan poner fin a los malestares
económicos.
•
Determinación a priori de qué clase de estructura de liderazgo y sistema de
comunicaciones funcionarán mejor al comienzo de la lucha de resistencia. ¿Qué
medios de tomar decisiones y de comunicación serán posibles durante el curso de
la lucha para orientar continuamente a los de la resistencia y a la población
en general?
•
Comunicación de las noticias de la resistencia a la población, las fuerzas del
dictador y la prensa internacional. Las denuncias e informaciones deben ser
rigurosamente veraces. Las exageraciones y las reclamaciones infundadas minan
el prestigio de la resistencia.
•
Planes sobre actividades constructivas independientes— económicas, sociales o
educativas—que aumenten la confianza de las personas en sí mismas, para que
sean capaces de responder a las necesidades de su propia gente durante el
conflicto que va a producirse. Tales proyectos pueden ser administrados por personas
que no estén directamente involucrados en las actividades de la resistencia.
•
Determinación de qué clase de ayuda exterior es deseable para apoyar una
campaña específica o la lucha de liberación en general. ¿Cómo puede la ayuda
exterior movilizarse de la mejor manera, y utilizarse, sin hacer depender la
lucha interna de factores externos no confiables? Hará falta decidir cuáles de
los grupos del exterior son los más apropiados y los más aptos para ayudar, por
ejemplo las organizaciones no gubernamentales (movimientos sociales, grupos
religiosos o políticos, sindicatos, etc.), los gobiernos y/o las Naciones Unidas
y sus diversos cuerpos.
Es
más, los planificadores de la resistencia tendrán que tomar medidas para
preservar el orden y planear cómo puede responder la gente a sus propias
necesidades durante los procesos de resistencia masiva contra los controles
dictatoriales. Esta planificación se orienta no sólo a crear estructuras
alternativas independientes y democráticas y a responder a las verdaderas necesidades,
sino también a reducir la credibilidad del régimen cuando éste declare que es
necesaria una represión más severa para poner fin al desorden y la
delincuencia.
Difundiendo
la idea de la no cooperación
Para
un desafío político exitoso contra una dictadura, es esencial que la población
capte la idea de la no cooperación. Como se ilustró en el cuento del “Amo de
los Monos” (ver Capítulo Tres), la idea básica es sencilla. Si un número
suficiente de subordinados se rehusa a seguir cooperando por un tiempo suficiente
a pesar de la represión el sistema opresivo se debilitará, y acabará por
desplomarse.
Las
personas que viven bajo una dictadura pueden ya estar familiarizadas con este
concepto por diversas fuentes. Aún así las fuerzas democráticas deben deliberadamente
difundir y comunicar a todos los estratos sociales la idea de la no
cooperación. La fábula del “Amo de los Monos”, o una semejante, podría
difundirse por toda la sociedad. Un cuento así puede comprenderse fácilmente.
Una
vez que la población en general haya asimilado el concepto de la no cooperación,
la gente podrá entender la relevancia que van a tener en el futuro los llamados
a practicar la no cooperación contra la dictadura. De la misma manera podrán,
por cuenta propia, improvisar miles de formas específicas de no cooperación en
situaciones nuevas.
A
pesar de las dificultades y peligros en los intentos de comunicar ideas,
noticias e instrucciones de la resistencia cuando se está viviendo bajo una
dictadura, los demócratas a menudo han demostrado que sí es posible hacerlo.
Aún bajo los regímenes nazis o comunistas, fue posible que los de la
resistencia se comunicaran, no sólo con otros individuos, sino con grandes
públicos, mediante la publicación de periódicos ilegales, folletos, libros y
más recientemente por medio de casetes de audio y video.
Ya
con la ventaja de una planificación estratégica previa, se pueden preparar los
lineamientos para la resistencia y diseminarlos.
Estos
pueden indicar los motivos por los cuales y las circunstancias en que la
población debe protestar y suspender la colaboración, y cómo puede esto
llevarse a cabo. Entonces, aún cuando las comunicaciones con la dirección democrática
se cortaran y no se emitieran o recibieran instrucciones específicas, la
población sabría cómo actuar en relación con ciertos asuntos importantes. Tales
lineamientos también podrían usarse para comprobar si la policía ha emitido
falsas “instrucciones a la resistencia” a fin de provocar una acción que
desacredite el movimiento.
La
represión y las contramedidas
Los
planificadores de la estrategia tienen que calcular las posibles respuestas y
la represión, especialmente el umbral de violencia de la dictadura de cara a
las acciones de la resistencia democrática. Será preciso determinar cómo
enfrentarlas y contraatacarlas, o evitar el posible incremento de la represión
sin someterse. Tácticamente, en situaciones específicas, una advertencia
apropiada sobre la represión que se espera servirá a los de la resistencia y a
la población en general para que sepan los peligros que corren si participan.
Si la represión se perfila muy seria, deben tomarse medidas para dar asistencia
médica a los heridos de la resistencia.
Anticipándose
a la represión, los estrategas harán bien en considerar por adelantado el empleo
de tácticas y métodos que contribuyan a alcanzar el objetivo específico de la campaña,
o la liberación misma, pero que hagan menos probable o posible una represión
excesiva. Por ejempo, las acciones callejeras y las manifestaciones contra las
dictaduras extremas pueden ser muy dramáticas, pero pueden arriesgarse a dejar
miles de muertos entre los manifestantes. De hecho, el alto costo que éstos
paguen puede no aumentar más la presión sobre la dictadura que si todo el mundo
se hubiera quedado en su casa, hubiera habido una huelga, o si los funcionarios
hubieran participado en un acto de no cooperación masiva.
Si
se ha contemplado que la acción provocadora de la resistencia con un alto
riesgo de víctimas va a hacer falta para un fin estratégico, entonces hay que
calcular con mucho cuidado los posibles costos de la acción y sus ganancias.
¿Estarán los de la población y los de la resistencia listos para comportarse disciplinadamente
y de una manera no violenta durante el curso de la lucha? ¿Podrán resistirse a
las provocaciones de la violencia? Los planificadores han de considerar qué
medidas han de tomarse para mantener la disciplina no violenta, y para sostener
la resistencia a pesar de las brutalidades. ¿Serán posibles y a la vez
efectivas algunas medidas como los compromisos, las declaraciones de política a
seguir, los folletos sobre la disciplina, las convocatorias a las
manifestaciones y el boicot aplicado a personas y grupos que aboguen por la
violencia? Los dirigentes tienen que estar siempre alerta ante la presencia de
agentes provocadores cuya misión será incitar a los manifestantes a la
violencia.
Adhiriéndose
al plan estratégico
Una
vez que un concienzudo plan estratégico se pone en marcha, las fuerzas
democráticas no deben dejarse distraer por los movimientos menores que
emprendan los dictadores, y que pueden tentarlos a abandonar la gran estrategia
o la de una campaña en particular, haciendo que muchas actividades enfoquen
asuntos sin importancia.
Tampoco
deben permitir que la emoción del momento —quizá en reacción a las nuevas
barbaridades efectuadas por la dictadura— permita desviar la resistencia democrática
de su gran estrategia o de su estrategia de campaña. Las barbaridades pueden
haber sido perpetradas precisamente para provocar que las fuerzas democráticas
abandonen su plan bien fundado y hasta lleguen a cometer actos violentos, a fin
de que los dictadores puedan derrotarlos más fácilmente.
En
tanto el análisis básico se considere acertado, la tarea de las fuerzas
pro-democráticas es la de llevarlo adelante paso a paso.
Por
supuesto que van a producirse cambios de táctica y de objetivos intermedios. Un
buen líder siempre está dispuesto a explotar una oportunidad. Estos ajustes no
deben confundirse con los objetivos de la gran estrategia o los de una campaña
específica. La minuciosa implementación de la gran estrategia que se haya
decidido y de las estrategias de las campañas particulares, va a contribuir
grandemente a la victoria.
Ocho
Aplicando
el Desafío Político
En
situaciones en que la población se siente impotente y asustada, es importante
que las tareas iniciales para el público sean acciones de poco riesgo, que le
desarrollen la confianza en sí mismo. Esta clase de acciones—tales como vestirse
con atuendos diferentes—puede interpretarse públicamente como una opinión
disidente y brindar una oportunidad para que el público participe
significativamente en un acto de disensión. En otros casos, una cuestión no
política de relativamente poca importancia (vista superficialmente) como por ejemplo
la consecución de un suministro de agua seguro, puede convertirse en un centro
de acción grupal. Los estrategas deben escoger un asunto cuyos méritos sean
ampliamente reconocidos y difíciles de rechazar. El éxito en tales campañas
limitadas puede ser no sólo corregir malestares específicos sino convencer a la
población de que en verdad tiene potencial para ejercer el poder.
En
una lucha a largo plazo, la mayor parte de las estrategias de campaña no deben
tratar de alcanzar la caída completa e inmediata de la dictadura, sino de
lograr objetivos limitados. Cada campaña tampoco va a requerir la participación
de todos los sectores de la población.
Al
contemplar una serie de campañas específicas para implementar la gran
estrategia, los estrategas del desafío tienen que considerar cómo las campañas
del comienzo de la lucha, las de la mitad o las ya próximas a su conclusión se
diferenciarán unas de otras.
Resistencia
selectiva
En
los momentos iniciales de la lucha las campañas separadas con distintos
objetivos específicos pueden ser muy útiles. Estas campañas selectivas pueden
hacerse una tras otra. Ocasionalmente dos o tres pueden ocurrir al mismo
tiempo.
Al
planificar una estrategia para la “resistencia selectiva” es necesario
identificar motivos limitados y específicos o malestares que simbolizen la
opresión de la dictadura en general. Tales asuntos pueden ser los objetivos
estratégicos intermedios dentro de la gran estrategia global.
Es
necesario que estos objetivos estratégicos intermedios sean alcanzables para la
capacidad de poder, actual o proyectada, de las fuerzas democráticas. Esto
ayuda a asegurar una serie de victorias que son buenas para levantar la moral,
y que también contribuyen a que se produzcan cambios incrementales en las
relaciones de poder que resulten ventajosos para una lucha a largo plazo.
Las
estrategias selectivas de la resistencia deberán concentrarse en primer lugar
en cuestiones sociales, económicas o políticas. Estas se pueden escoger a fin
de conservar alguna parte del sistema social y político fuera del control de
los dictadores, para recuperar el control de alguna porción de este sistema actualmente
bajo el control de los dictadores, o para negar a los dictadores algún objetivo
en particular.
Si
es posible, la campaña de resistencia selectiva debe también atacar una o más
de las debilidades de la dictadura, tal como lo hemos explicado. En
consecuencia, los demócratas pueden producir el mayor impacto posible con la
capacidad de poder que tengan a su alcance.
Muy
al principio, los estrategas tienen que planificar por lo menos la estrategia
para la primera campaña. ¿Cuáles han de ser sus objetivos limitados? ¿Cómo van éstos
a ayudar a la realización de la gran estrategia? Si es posible, sería prudente
formular por lo menos los lineamientos generales para una segunda y acaso hasta
una tercera campaña. Todas esas campañas han de llevar a cabo la gran
estrategia escogida y operar dentro de los lineamientos generales de ésta.
El
reto simbólico
Al
principio de una nueva campaña para minar la dictadura, las primeras y más
específicas acciones pueden tener un campo limitado.
Deben
estar diseñadas en parte para probar el estado de ánimo de la población e
influir en él, y prepararla para continuar la lucha a través de la no cooperación
y el desafío político.
La
acción inicial podría tomar la forma de una protesta simbólica o podría ser un
acto simbólico de no cooperación limitada y temporal. Si el número de personas
dispuestas a actuar es limitado, entonces la acción inicial podría consistir,
por ejemplo, en depositar una ofrenda floral en algún lugar de importancia
simbólica. Por otra parte, si el número de los dispuestos a actuar es muy grande,
entonces podría hacerse un paro de cinco minutos en todas las actividades u
observar algunos minutos de silencio. En otras situaciones, unos cuantos individuos
pueden ponerse en huelga de hambre, reunirse para una vigilia en un lugar de
importancia simbólica, practicar un breve boicot estudiantil a las clases, o
entrar y sentarse en una oficina importante por un tiempo limitado. Una dictadura
probablemente reprimiría con crueldad las acciones más agresivas.
Ciertas
acciones simbólicas como la ocupación física del territorio frente al palacio
del dictador o de los cuarteles de la policía pueden incurrir en un gran
riesgo; por lo tanto, no son recomendables para iniciar una campaña.
Las
primeras acciones de protesta simbólica a veces han suscitado una gran atención
nacional e internacional, como las demostraciones masivas en Birmania en 1988 o
la ocupación y huelga de hambre por los estudiantes de la plaza de Tiananmen en
Beijin en 1989. El elevado número de víctimas entre los manifestantes en ambos
casos subraya el gran cuidado que tienen que tener los estrategas cuando
planifican las campañas. Aun cuando estas acciones tengan un tremendo impacto
moral y sicológico, por sí mismas no es probable que hagan caer la dictadura,
porque permanecen dentro de lo simbólico y no alteran la posición de poder de
la dictadura.
Por
lo general no es posible negarles por completo a los dictadores el acceso a los
recursos de poder al principiar la lucha.
Para
eso haría falta que prácticamente toda la población y casi todas las
instituciones de la sociedad—las cuales desde antes les han estado muy
sometidas—rechazaran absolutamente al régimen y que de pronto lo desafiaran
mediante una fuerte y masiva no cooperación.
Eso
todavía no ha ocurrido, y alcanzarlo sería sumamente difícil.
En
la mayoría de los casos, por consiguiente, una rápida campaña de completa no cooperación
y desafío no sería una estrategia realista para una campaña inicial contra la
dictadura.
Distribuyendo
las responsabilidades
Durante
una campaña selectiva de resistencia, ciertos grupos de la población son los
más castigados. En una campaña posterior con un objetivo diferente, el peso de
la lucha se desplazará hacia otros grupos. Por ejemplo, los estudiantes pueden
irse a la huelga por una cuestión referente a la educación, los dirigentes religiosos
y los fieles pueden concentrarse en el tema de la libertad de cultos, los
trabajadores de los ferrocarriles pueden observar tan meticulosamente las
regulaciones de seguridad que lleguen a retardar en extremo todo el sistema
ferroviario, los periodistas pueden desafiar la censura publicando un espacio
en blanco en el periódico donde hubiera correspondido un artículo prohibido, la
policía una y otra vez puede errar y no localizar ni detener a los miembros de
la oposición democrática que buscan. El escalonar las campañas de resistencia
según los motivos y el sector de la población que ha de actuar les permitirá a
otros sectores descansar un poco mientras la resistencia prosigue.
La
importancia de la resistencia selectiva consiste en defender la existencia y
autonomía de los grupos políticos, económicos y sociales así como a las
instituciones fuera del control de la dictadura, como lo mencionamos antes.
Estos centros de poder proporcionan las bases institucionales desde las cuales
la población puede ejercer presión o resistirse a los controles dictatoriales.
En la lucha, es probable que sean los primeros en ser golpeados por la
dictadura.
Apuntando
al poder del dictador
A
medida que la lucha a largo plazo se desarrolla más allá de las estrategias
iniciales hacia fases más ambiciosas y avanzadas, los estrategas han de
calcular cómo limitar más las fuentes de poder del dictador. El objetivo será
usar la no cooperación popular a fin de crear una nueva situación estratégica
más ventajosa para las fuerzas democráticas.
A
medida que las huestes democráticas cobran fuerza, los estrategas organizan
formas de no cooperación y de desafío más ambiciosas para negarle a la dictadura
los recursos del poder, para propiciar una parálisis política y por último el
fin de la dictadura y su desintegración.
Será
necesario planificar con cuidado cómo podrán las huestes democráticas debilitar
el apoyo que personas y grupos hayan ofrecido a la dictadura previamente. ¿Se
resquebrajará este apoyo cuando les revelen las brutalidades perpetradas por el
régimen, cuando les expongan las desastrosas consecuencias económicas de las
políticas del dictador, o cuando tengan nuevos elementos para comprender que se
puede acabar con la dictadura? Hay que llevar a los defensores de la dictadura
por lo menos a permanecer neutrales, a no tomar partido o mejor a convertirse
en defensores activos del movimiento por la democracia.
Durante
la planificación e implementación del desafío político y la no cooperación, es
muy importante prestar atención a todos los defensores y auxiliares de los
dictadores, inclusive a su camarilla interna, al partido político, la policía y
la burocracia, pero especialmente al ejército.
Haría
falta calcular bien el grado de lealtad a la dictadura de las fuerzas
militares, tanto soldados como oficiales, y determinar si son susceptibles de
ser influidas por las fuerzas democráticas. ¿Pudieran los soldados comunes y
corrientes ser unos presos descontentos y asustados del régimen? ¿Se podría
poner en contra del régimen a muchos de los soldados y oficiales por razones
personales, familiares o políticas? ¿Qué otros factores harían a los soldados y
oficiales vulnerables a la subversión democrática?
Desde
el inicio en la lucha de liberación debe desarrollarse una estrategia especial
para comunicarse con las tropas y funcionarios del dictador. Mediante palabras,
símbolos y acciones, las fuerzas democráticas pueden informar a las tropas que
la lucha de liberación va a ser vigorosa, decidida y persistente. Las tropas
han de saber que la lucha va a tener un carácter especial destinado a socavar
la dictadura, pero que no amenaza su vida. Tales esfuerzos aspiran en última
instancia a minar la moral de las tropas del dictador y finalmente a subvertir
su lealtad y obediencia a favor del movimiento democrático. Se debe intentar
llegar a la policía y a los funcionarios con estrategias similares.
El
intento de ganar simpatías entre las fuerzas del dictador y eventualmente a
inducirlas a la desobediencia no debe interpretarse, sin embargo, como una
invitación a que las fuerzas militares produzcan una rápida interrupción de la
dictadura mediante una acción militar. Una acción semejante no es posible que
dé paso a una democracia que funcione, porque, como ya hemos explicado, un
golpe de estado sirve de poco para cambiar el desequilibrio de las relaciones
de poder entre el pueblo y los gobernantes. Por consiguiente, es necesario
planear cómo puede hacérseles entender a los oficiales militares que simpatizan
con los demócratas que ni un golpe militar ni una guerra civil son necesarios o
deseables.
Los
oficiales simpatizantes pueden jugar papeles vitales en la lucha democrática
tales como difundir entre las fuerzas militares el descontento y la no cooperación,
alentando las deficiencias deliberadas y calladamente hacer caso omiso de las
órdenes, manteniéndose firmes en su decisión de no reprimir. El personal militar
puede también brindar varias formas de asistencia no violenta y positiva al
movimiento democrático entre las que se incluye facilitar el paso seguro,
información, comida, suministros médicos y otros.
El
ejército es uno de los recursos de poder más importantes de los dictadores
porque éstos pueden usar las unidades militares disciplinadas y su armamento
para atacar directamente a la población desobediente y castigarla. Los
estrategas del desafío deben recordar que va ser
extraordinariamente difícil, si no imposible, desmantelar la dictadura si
la policía, la burocracia y las fuerzas armadas se mantienen
plenamente leales y obedientes en el cumplimiento de sus
órdenes. Las estrategias orientadas a subvertir la
lealtad de las huestes del dictador deben gozar de una prioridad especial de
parte de los planificadores democráticos.
Las
fuerzas democráticas deben recordar que el descontento y la desobediencia entre
las fuerzas armadas y de la policía pueden resultar altamente peligrosas para
los miembros de esos grupos.
Pueden
esperar penas muy severas por los actos de desobediencia, y la muerte por
ejecución en caso de amotinamiento. Las fuerzas democráticas no deben pedirles
a los soldados y oficiales que se amotinen inmediatamente; en lugar de eso,
donde sea posible la comunicación, debe aclarárseles que hay múltiples formas
de “desobediencia disimulada” que sí pueden ser practicadas desde el principio.
Por ejemplo, los policías o los soldados de tropa pueden entorpecer el
cumplimiento de las órdenes de distribución, no acertar a encontrar a las
personas buscadas, advertir a los de la resistencia acerca de las órdenes de
represión que se han dictado contra ellos así como de los arrestos y
deportaciones, y pueden dejar de transmitir información importante para sus
oficiales superiores. Por su parte, los oficiales descontentos con el régimen
pueden no transmitir, o demorar la transmisión de las órdenes de represión a
los mecanismos encargados de ejecutarlas. Pueden disparar por encima de las cabezas
de los manifestantes. Los funcionarios del estado pueden perder o traspapelar
las instrucciones, trabajar deficientemente, o “enfermarse” para tener que
permanecer en casa hasta “curarse”.
Cambios
en la estrategia
Los
estrategas del desafío político tienen que estar constantemente evaluando cómo
la gran estrategia y las estrategias de campañas específicas se están
implementando. Es posible por ejemplo, que la lucha no marche tan bien como se
hubiera esperado. En ese caso hay que pensar qué cambios se necesitan en la
estrategia.
¿Qué
podría hacerse para aumentar la fuerza del movimiento y retomar la iniciativa?
En una situación así habrá que identificar el problema, volver a realizar el
cálculo estratégico, si es posible, darle la responsabilidad de la lucha a un
sector distinto de la población, movilizar recursos adicionales de poder y
desarrollar acciones alternativas. Cuando esto se hubiere hecho, el nuevo plan se
implementará inmediatamente.
Si,
por el contrario, la lucha ha marchado mucho mejor de lo previsto y la
dictadura está desmoronándose antes de lo que se había calculado, ¿cómo podrán
las fuerzas democráticas capitalizar esas victorias inesperadas y avanzar hacia
la paralización de la dictadura?
Exploraremos
esta problemática en el capítulo siguiente.
Nueve
Desintegrando
la Dictadura
El
efecto acumulativo de estas exitosas campañas de desafío político bien
dirigidas sería el fortalecimiento de la resistencia y el establecimiento y
expansión de áreas de la sociedad donde la dictadura se encuentra con los
límites de su control efectivo. Estas campañas también proporcionan una
importante experiencia en cómo negar la cooperación a la dictadura, y cómo
manifestar un desafío político. Esta experiencia será de gran ayuda cuando
llegue el momento de una no cooperación y un desafío masivos.
Tal
como se discutió en el Capítulo Tres, la obediencia, la cooperación y la
sumisión son esenciales para que un dictador sea poderoso. Sin acceso a las
fuentes de poder político, el poder del dictador se debilita y finalmente se
esfuma. El retiro del respaldo es, por lo tanto, la principal acción que se
requiere para desintegrar la dictadura. Sería útil repasar cómo se pueden
afectar las fuentes del poder mediante el desafío político.
Los
actos simbólicos de repudio y desafío se encuentran entre los medios
disponibles para minar la moral del régimen y su autoridad
política, es decir, su legitimidad. Mientras mayor sea la autoridad
de un gobierno, mayor y más confiables serán la obediencia y cooperación que
recibirá. La desaprobación moral necesita ser expresada mediante acciones para
que la dictadura perciba que es una amenaza seria a su existencia. Es necesario
retirarle la cooperación y la obediencia para negarle al régimen el acceso a
las otras fuentes de poder.
La
fuente de poder segunda en importancia son los recursos
humanos, la cantidad e importancia de las personas
y grupos que obedezcan o
ayuden a los gobernantes y que cooperen con ellos.
Si
grandes sectores de la población practican la no cooperación, el régimen
realmente se verá en un serio problema. Por ejemplo, si los funcionarios
gubernamentales ya no funcionan con su normal eficiencia, o inclusive se quedan
en casa, el aparato administrativo se verá gravemente afectado.
De
igual manera, si entre las personas o grupos no cooperantes se incluye a los
que previamente le han estado aportando tecnologías
y conocimientos especializados, entonces los dictadores
verán cómo su capacidad de funcionamiento se debilita gravemente. Hasta su capacidad
de tomar decisiones ante una información sólida y de desarrollar políticas
efectivas se verá seriamente reducida.
Si
las influencias sicológicas e ideológicas—llamadas factores
intangibles—que por lo general inducen a las personas
a obedecer y ayudar a los
gobernantes, se debilitan o revierten, la población se
inclinará más a desobedecer y no cooperar.
El
acceso de los dictadores a los recursos materiales también
afecta directamente su poder. Con el control de los recursos financieros del
sistema económico, la propiedad, los recursos naturales, el transporte y los
medios de comunicación en manos de los verdaderos opositores del régimen, o de
otros en potencia, otro recurso de poder importantísimo se les ha vuelto vulnerable
o se les ha negado. Las huelgas, el boicot y la creciente autonomía en algunos
sectores de la economía, las comunicaciones y el transporte, debilitarán al
régimen.
Como
ya se discutió anteriormente, la capacidad del dictador para amenazar o aplicar
sanciones—castigos contra los sectores no cooperantes, desobedientes o ingobernables
de la población—es una fuente central del poder de los dictadores. Ésta puede
debilitarse en dos días. En primer lugar, si la población está preparada, como en
la guerra, para arriesgarse a serias consecuencias como precio del desafío, la
efectividad de las sanciones aplicables se verá drásticamente disminuida; es
decir, la represión de los dictadores no logrará el sometimiento deseado. En
segundo lugar, si la policía y hasta las mismas fuerza militares se manifiestan
descontentas, puede ser que individualmente o en grupo evadan o francamente desacaten
las órdenes de arrestar, golpear o disparar contra los de la resistencia. Si
los dictadores ya no pueden confiar en la policía y las fuerzas militares, la
dictadura está seriamente amenazada.
En
síntesis, el éxito contra una dictadura bien afianzada exige que la
nocooperación y el desafío le reduzcan y le quiten al régimen las fuentes de
poder. Sin la constante reposición de los recursos de poder necesarios, la
dictadura se debilitará y finalmente se desintegrará. Una planificación
estratégica competente del desafío político contra las dictaduras, por
consiguiente, necesita tener como objetivo las más importantes fuentes de poder
de los dictadores.
La
escalada de la libertad
En
combinación con el desafío político, durante la etapa de la resistencia
selectiva, el crecimiento de las instituciones autónomas—sociales, económicas,
culturales y políticas—expande progresivamente el “espacio democrático” de la
sociedad y contrae el control de la dictadura. A medida que las instituciones
civiles de la sociedad se fortalecen en relación con la dictadura, entonces, sin
importar lo que quieran los dictadores, la población está construyendo de
manera creciente una sociedad independiente fuera del control de aquélla. Si la
dictadura va a intervenir para frenar este “aumento de la libertad”, cuando lo
haga, se puede aplicar la lucha no violenta en defensa de este espacio
recientemente ganado, y la dictadura se verá confrontada por otro “frente” más
en la lucha.
Con
el tiempo, esta combinación de resistencia y construcción de instituciones
puede conducir a una libertad de facto. El
derrumbamiento de la dictadura y la instauración formal de un sistema
democrático se hará innegable, porque se habrán alterado fundamentalmente las
relaciones de poder dentro de la sociedad.
La
Polonia de los setentas y los ochentas constituye un claro ejemplo de cómo la
sociedad rescata progresivamente sus instituciones y funciones por medio de la
resistencia. La Iglesia Católica ha sido perseguida, pero jamás puesta bajo el
absoluto control comunista. En 1976, ciertos intelectuales y obreros formaron pequeños
grupos tales como los KOR (Comités de Defensa de los
Trabajadores)
para impulsar sus ideas políticas. La organización del sindicato de
Solidaridad, con el poder que tuvo de organizar huelgas muy efectivas, obligó a
su legalización en 1980. Campesinos, estudiantes y muchos otros grupos también
formaron sus propias organizaciones independientes. Cuando los comunistas se
dieron cuenta que estos grupos habían cambiado las realidades del poder,
Solidaridad
fue proscrita de nuevo y los comunistas recurrieron al régimen militar.
Inclusive
bajo la ley marcial, con numerosos encarcelamientos y recia persecución, las
nuevas instituciones independientes de la sociedad continuaron funcionando. Por
ejemplo, docenas de periódicos y revistas ilegales siguieron publicándose.
Casas editoriales ilegales publicaban anualmente cientos de libros, mientras que
los más conocidos escritores polacos boicoteaban las editoriales del gobierno y
sus publicaciones. Actividades similares continuaban en otros sectores de la
sociedad.
Bajo
el régimen militar de Jaruselski el gobierno militar comunista alguna vez fue
descrito como rebotando de un extremo a otro en la cresta de la sociedad. Los
oficiales todavía ocupaban las oficinas y los edificios del gobierno. El
régimen todavía podía golpear a la sociedad con castigos, arrestos,
encarcelamientos, la ocupación de las imprentas y acciones por el estilo. Desde
ese punto de vista, era sólo cuestión de tiempo el que la sociedad acabara de echar
abajo al régimen por completo.
Aun
cuando una dictadura esté todavía ocupando posiciones gubernamentales, a veces
es posible organizar un “gobierno democrático paralelo”. Éste funcionaría de
manera creciente como un gobierno rival, al cual la población y las
instituciones de la sociedad le prestarían lealtad, obediencia y cooperación.
En consecuencia, a la dictadura se le negarían estas características del
gobierno. Eventualmente, el gobierno democrático paralelo podría llegar a reemplazar
plenamente al régimen dictatorial como parte de la transición a un sistema
democrático. A su debido tiempo entonces, se adoptaría una constitución y se celebrarían
elecciones como parte de la transición.
Desintegrando
la dictadura
Mientras
se lleva a cabo la transformación institucional de la sociedad, el movimiento
de desafío y no cooperación puede ir en escalada. Los estrategas de las fuerzas
democráticas pueden moverse más allá de la resistencia selectiva y lanzar el
desafío masivo. En la mayoría de los casos, hace falta tiempo para crear,
construir o extender la capacidad de resistencia, y el desarrollo del desafío
masivo podrá ocurrir sólo después de algunos años. Durante este período intermedio
se deberá impulsar una campaña de resistencia selectiva con objetivos políticos
más importantes cada vez. Se debe involucrar a grandes sectores de la población
a todos los niveles de la sociedad.
Dado
un desafío político bien definido y disciplinado durante esta escalada de
actividades, es muy probable que la debilidad interna de la dictadura se haga
cada vez más evidente.
Con
el tiempo, la combinación de un desafío político vigoroso y la construcción de
instituciones independientes, es posible que atraiga una amplia atención internacional
a favor de las fuerzas democráticas. Puede también producir condenas
diplomáticas internacionales, boicot y embargos en apoyo a las fuerzas democráticas
(como pasó en Polonia).
Los
estrategas deben estar conscientes de que en algunas situaciones la caída de la
dictadura puede ocurrir extremadamente pronto, como en Alemania del Este en
1989. Esto puede ocurrir cuando las fuentes de poder le son masivamente negadas
como resultado de la repulsa de la población entera contra la dictadura.
Este
patrón conductual no es frecuente, y es mejor planificar para una lucha a largo
plazo (aunque haya que estar preparado por si ocurre un cambio a corto plazo).
Durante
el curso de la lucha de liberación, las victorias, aunque sean pequeñas, deben
celebrarse. Los que han ganado una victoria deben ser reconocidos. La celebración,
acompañada por la vigilancia, también contribuye a mantener la moral en alto, y
esto es muy necesario para las futuras etapas de lucha.
Manejando
el triunfo responsablemente
Los
planificadores de la gran estrategia deben calcular por adelantado los modos
posibles y preferibles de cómo una lucha victoriosa puede concluirse de la
mejor manera a fin de impedir el surgimiento de una nueva dictadura y de
asegurar el establecimiento gradual de un sistema democrático duradero.
Los
demócratas deben pensar cómo debe manejarse la transición de una dictadura a un
gobierno interino al final de la contienda.
Lo
deseable en ese momento es establecer cuanto antes un nuevo gobierno que
funcione. No obstante, no debe ser simplemente el viejo gobierno con un personal
nuevo. Hace falta calcular qué sectores de la vieja estructura gubernamental
(tales como la policía) tienen que ser abolidos completamente, por su intrínseco
carácter antidemocrático, y qué sectores que se conserven han de ser sometidos
más adelante a un esfuerzo democratizador. Un total vacío de poder podría
abrirle paso al caos y a una nueva dictadura.
Con
antelación se debe determinar cuál habrá de ser la política a seguir con los
altos funcionarios de la dictadura cuando se desintegre su poder. Por ejemplo:
¿se va a presentar al dictador ante un tribunal?
¿Se
les permitirá a él y los suyos abandonar el país permanentemente?
¿Qué
otras opciones habrá consistentes con el desafío político, la necesidad de
reconstruir el país y de establecer una democracia después de la victoria? Se
debe evitar a toda costa un baño de sangre que podría tener consecuencias drásticas
sobre la posibilidad de un sistema democrático futuro.
Deberá
haber planes específicos para la transición a la democracia que deberán ser aplicados
cuando la dictadura esté debilitándose o se derrumbe. Estos planes ayudarán a
impedir que otro grupo capture el poder mediante un golpe de estado. También se
requerirán planes para la institución de un gobierno constitucional
democrático, con plenas libertades políticas y personales. No deben dejarse
perder los cambios ganados a un precio tan alto por falta de planificación.
Cuando
los dictadores tengan que enfrentarse a una población cuyo poder cada vez es mayor
y al crecimiento de grupos democráticos e instituciones independientes—a
ninguno de los cuales podrá ya controlar la dictadura—los dictadores se
encontrarán con que su poder se está desbaratando. Los cierres masivos de la sociedad,
las huelgas generales, las quedadas-en-casa masivas, las marchas desafiantes u
otras actividades socavarán cada vez más la propia organización de los dictadores
y la de las instituciones relacionadas con ellos. Como una consecuencia de tal
desafío y no cooperación ejecutados inteligentemente y con participación masiva
todo el tiempo, los dictadores se quedarán sin poder y los defensores de la
democracia habrán triunfado sin violencia. La dictadura se habrá desmoronado
ante la población desafiante.
No
todos los esfuerzos en ese sentido triunfarán, y en especial, nunca lo harán
fácilmente, y sólo rara vez pronto. Debemos recordar que tantas son las guerras
militares ganadas como las perdidas. Sin embargo, el desafío político ofrece
una verdadera posibilidad de victoria. Como apuntamos anteriormente, esa
posibilidad puede ser enormemente fortalecida por medio del desarrollo de una gran
estrategia, un arduo trabajo y una lucha tanto valiente como disciplinada.
Diez
Trabajo Preliminar
para una Democracia Duradera
La
desintegración de la dictadura es, por supuesto, causa de gran celebración. La
gente que por tanto tiempo ha sufrido y que ha pagado un precio tan alto,
merece un tiempo de gozo, relajamiento y reconocimiento. Debe sentirse
orgullosa de sí misma y de todos los que con ella lucharon para ganar la libertad
política. No todos habrán vivido para celebrar este día. Vivos y muertos serán
recordados como héroes que ayudaron a moldear la historia de la libertad en su
país.
Desafortunadamente,
esta no es una oportunidad para reducir la vigilancia. Aún en caso de que la
dictadura hubiese sido desintegrada exitosamente por medio del desafío político,
se deben tomar muchas precauciones para impedir que surja un nuevo régimen
opresivo durante la confusión que acompaña el derrumbamiento del viejo. Los
dirigentes de las fuerzas pro-democráticas deben tener preparada por adelantado
una transición ordenada hacia la democracia. Es necesario establecer las bases
constitucionales y legales así como las normas de comportamiento de una
democracia duradera.
Nadie
debe creer que con la caída de la dictadura inmediatamente va a aparecer una
sociedad ideal. La desintegración de la dictadura simplemente facilita el punto
de partida, en condiciones de una libertad revalorada, para realizar esfuerzos
a largo plazo por mejorar la sociedad y responder más adecuadamente a las
necesidades humanas. Los serios problemas políticos, económicos y sociales seguirán
durante años, y hará falta la cooperación de muchas personas y grupos para
buscarles solución. El nuevo sistema político debe dar una oportunidad para que
las personas con puntos de vista diferentes y medidas que lo favorezcan
continúen el trabajo constructivo y el desarrollo de las políticas orientadas a
encarar los problemas del futuro.
Amenazas
de una nueva dictadura
Aristóteles
advirtió hace tiempo “...que la tiranía puede cambiar y convertirse en
tiranía...”14
14Aristóteles, The Politics (Política), libro V, cap. 12, p. 233.
La
historia nos da muchos ejemplos, en Francia (los jacobinos y Napoleón), en
Rusia (los bolcheviques), en Irán (el Ayatollah), en Birmania (SLORC), y en
otras partes en que algunas personas o grupos consideraron el derrumbamiento de
un régimen opresivo meramente como la oportunidad de convertirse en los nuevos
amos. Sus motivos podrán variar, pero los resultados son a menudo muy
similares. La nueva dictadura puede ser aún más cruel que la anterior y ejercer
un control más asfixiante.
Aún
antes del desplome de la dictadura, miembros del pasado régimen pueden intentar
acortar el proceso de la lucha desafiante por la democracia dando un golpe de
estado a fin de escamotear la victoria que lograría la resistencia popular. Pueden
proclamar que han expulsado a la dictadura, pero de hecho buscan sólo imponer un
modelo más o menos renovado de la anterior.
Cerrándoles
el paso a los golpes de estado
Hay
maneras de derrotar los golpes de estado que se intenten contra una sociedad
recientemente liberada. A veces basta un conocimiento previo de esa capacidad
de defenderse para impedir el intento. La preparación intelectual puede
prevenirlos.15
15Ver Gene Sharp, The Anti-Coup (El Antigolpe), (Boston, MA: The Albert Einstein Institution,
2003).
Apenas
el golpe haya sido puesto en marcha, los putschistas necesitan legitimarse, o
sea, que se acepte que tienen derecho político y moral de gobernar. Por lo
tanto, el primer principio básico que hay que esgrimir para defenderse contra
el golpe es negarles la legitimidad a los putschistas.
Los
putschistas también necesitan que los líderes civiles y la población los apoye,
que estén confundidos o que sencillamente se mantengan pasivos. Los putschistas
requieren la colaboración de especialistas y consejeros, burócratas y
funcionarios gubernamentales, administradores y jueces, a fin de consolidar su
poder sobre la sociedad afectada. También requieren que la multitud de personas
que manejan el sistema político, las instituciones sociales, la economía, la
policía y las fuerzas militares se les sometan pasivamente y lleven a cabo sus
funciones habituales tal como las hayan modificado las órdenes y políticas de
los putschistas.
El
segundo principio de la defensa contra el golpe de estado es el de resistir a
los putschistas por medio de la no cooperación y el desafío político. Debe
negárseles la cooperación y asistencia que necesitan.
Esencialmente,
los mismos medios de lucha que se usaron contra la dictadura se pueden emplear
ante la nueva amenaza, siempre que se apliquen inmediatamente. Si se les niega
tanto la legitimidad como la cooperación, el golpe puede morir de inanición
política, y se habrá restaurado la oportunidad de construir una democracia.
Redactando
una constitución
El
nuevo sistema democrático va a requerir una constitución que establezca la
estructura deseada del gobierno democrático. La constitución deberá fijar los
propósitos del gobierno, limitar los poderes gubernamentales, establecer los
procedimientos y las fechas de las elecciones mediante las cuales se eligirá a
los funcionarios del gobierno y los legisladores, los derechos inherentes del
pueblo, y las relaciones del gobierno nacional con los niveles inferiores de la
estructura política.
Dentro
del gobierno central, si éste ha de seguir siendo democrático, debe
establecerse una clara separación de la autoridad entre las ramas legislativa,
ejecutiva y judicial. Se deben incluir fuertes restricciones a las actividades
de la policía, los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas
prohibiéndoles cualquier interferencia política legal.
Para
conservar el sistema democrático e impedir medidas y tendencias dictatoriales,
la constitución debe ser preferentemente una que establezca un sistema federal
con prerrogativas importantes para los gobiernos a nivel regional, estatal y
local. En algunos casos, se puede considerar la imitación del sistema suizo de
cantones en el que áreas relativamente pequeñas retienen prerrogativas
importantes sin dejar por eso de ser parte integral del país.
Si
una constitución con muchos de estos rasgos hubiera existido antes en la
historia del país recién liberado, sería deseable reimplantarla modificándola
apenas en lo que fuere necesario y deseable. Si no existiera una constitución
más antigua con los requerimientos del caso, quizá se podría trabajar con una
constitución interina. Si no, habría que escribir una nueva constitución. Preparar
una nueva constitución llevará tiempo y esfuerzo. Es deseable la participación
popular en este proceso y se hace necesaria para la ratificación de un nuevo
texto o de sus enmiendas. Se ha de ser muy cauto al incluir en la constitución promesas
que luego se demuestre que es imposible cumplir, o estipulaciones que requieran
un gobierno altamente centralizado, porque en ambos casos podría facilitarse
una nueva dictadura.
La
redacción de la constitución debe ser fácilmente comprendida por toda la
población. No debe ser tan compleja ni tan ambigua como para que sólo los
abogados u otras élites puedan decir que la comprenden.
Una
política democrática de defensa
El
país liberado puede tener que enfrentarse a una amenaza extranjera, para lo
cual se necesitaría una capacidad defensiva. El país puede también verse
amenazado por un intento de imponerle una dominación militar, política o
económica desde el extranjero.
A
fin de mantener una democracia interna, habría que considerar seriamente si han
de aplicarse los principios básicos del desafío político a las necesidades de
la defensa nacional16.
16Ver Gene Sharp, Civilian-Based
Defense: A Post-Military Weapons System (“La
Defensa con Base Civil: Un Sistema de Armas Post-Militares”), (Princeton, New
Jersey: Princeton University Press, 1990).
Al
situar la capacidad de resistencia directamente en manos de la ciudadanía, los
países recientemente liberados pueden evitar la necesidad de establecer una
fuerte capacidad militar que podría, por su parte, amenazar la democracia y
demandar vastos recursos económicos que mucho se necesitan para otros
propósitos.
Debemos
recordar que algunos grupos van a ignorar cualquier disposición constitucional
en su afán de establecerse como nuevos dictadores. Por consiguiente, la población
necesita asumir la tarea permanente de aplicar el desafío político y la no
cooperación contra cualquier dictador en potencia y de preservar las
estructuras, los derechos y los procedimientos democráticos.
Una
responsabilidad meritoria
Los
efectos de la lucha no violenta son no solamente debilitar y quitar al dictador
sino también dotar de poder al oprimido. Esta técnica habilita a las personas
que previamente sentían que no servían más que como víctimas para ejercer
directamente el poder para lograr por su propio esfuerzo una mayor libertad y
justicia. Esta experiencia de lucha tiene consecuencias sicológicas importantes
que contribuyen a aumentar la autoestima y la confianza en sí mismos entre los
que antes carecían de todo poder.
Una
consecuencia beneficiosa a largo plazo del empleo de la lucha no violenta a fin
de establecer un gobierno democrático, es que la sociedad estará más apta para
manejar los problemas recurrentes y futuros. Aquí podrían incluirse los futuros
abusos del gobierno y la corrupción, los maltratos a algún grupo, la injusticia
económica y las limitaciones en la calidad democrática del sistema político. La
población, experimentada en el uso del desafío político, probablemente será
menos vulnerable a la acción de una dictadura en el futuro.
Después
de la liberación, el haberse familiarizado con la lucha no violenta va a
sugerir maneras de defender la democracia, las libertades civiles, los derechos
de las minorías y las prerrogativas de los gobiernos regionales, estatales o
locales así como de las instituciones no gubernamentales. Tales medios también harán
posible que personas o grupos expresen pacíficamente su disentimiento extremo
sobre asuntos que los grupos de oposición perciben ser tan importantes que a
veces los han llevado al terrorismo o a la guerra de guerrillas.
Los
pensamientos expresados en este examen del desafío político o la lucha no violenta
tienen como fin tratar de ayudar a todas las personas y grupos que buscan
liberar a sus pueblos de la opresión dictatorial y establecer un sistema
democrático duradero que respete las libertades humanas y la acción popular
para mejorar la sociedad.
Tres
conclusiones principales se derivan de las ideas bosquejadas aquí:
•
Es posible liberarse de las dictaduras;
•
Una reflexión cuidadosa y una planificación estratégica muy meticulosa son
indispensables para lograr la liberación; y
•
Se necesitará vigilancia, mucho trabajo arduo y una lucha disciplinada a veces
a un precio muy alto.
Es
cierta la multicitada frase: “La libertad no es gratis”. Ninguna fuerza externa
vendrá a darle al pueblo oprimido la libertad que tanto anhela. La gente tendrá
que aprender cómo conseguir esa libertad por sí misma. No será fácil.
Si
la gente puede darse cuenta de lo que necesita para su liberación, podrá trazarse
líneas de acción que, después de muchos trabajos, han de traerle su libertad.
Entonces con ahínco podrá construir un nuevo orden democrático y prepararse
para defenderlo.
La
libertad que se gana por medio de una lucha de este tipo puede ser duradera y
ser mantenida por un pueblo tenaz comprometido a conservarla y enriquecerla.
Apéndice
Los Métodos
de la Acción No violenta17
17Esta lista, con
definiciones y ejemplos históricos, está tomada de Gene Sharp, The Politics of
Nonviolent Action, Part Two, The Methods of
Nonviolent Action (La Política de la Acción Noviolenta, Parte Dos, Los Métodos de la Acción
Noviolenta).
MÉTODOS
DE PROTESTA y PERSUASIÓN NO VIOLENTAS
Declaraciones
formales
1.
Discursos públicos
2.
Cartas de oposición o de apoyo
3.
Declaraciones de organizaciones e instituciones
4.
Declaraciones públicas firmadas
5.
Declaraciones de acusación e intención
6.
Peticiones de grupo o masivas
Comunicaciones
con un público más amplio
7.
Lemas, caricaturas y símbolos
8.
Banderas, carteles y pancartas
9.
Volantes, folletos y libros
10.
Periódicos y otras publicaciones
11.
Discos, radio y televisión
12.
Escritura en el cielo y en la tierra
Representaciones
de grupo
13.
Diputaciones
14.
Premiaciones burlescas
15.
Cabildeo de grupo
16.
Piqueteo
17.
Elecciones burlescas
Actos
públicos simbólicos
18.
Despliegue de banderas y colores simbólicos
19.
Usar símbolos en el vestido/vestir atuendos simbólicos
20.
Oración y culto
21.
Entrega de objetos simbólicos
22.
Desvestirse en público
23.
Destrucción de las propias pertenencias
24.
Luces simbólicas
25.
Exposición de retratos
26.
Pintura como protesta
27.
Nuevos letreros y nombres
28.
Sonidos simbólicos
29.
Reclamaciones simbólicas
30.
Gestos groseros
Presión
sobre los individuos
31.
Acoso a funcionarios
32.
Mofa de funcionarios
33.
Fraternización
34.
Vigilias
Drama
y música
35.
Sátira y burlas
36.
Interpretaciones teatrales y musicales
37.
Canto
Procesiones
38.
Marchas
39.
Desfiles
40.
Procesiones religiosas
41.
Peregrinaciones
42.
Desfile de vehículos
Tributo
a los muertos
43.
Duelo político
44.
Funerales burlescos
45.
Funerales-Manifestaciones
46.
Homenajes en tumbas/cementerios
Asambleas
públicas
47.
Asambleas de protesta o de apoyo
48.
Mítines de protesta
49.
Mítines de protesta encubiertos
50.
Tomar un lugar usándolo para enseñar
Separación
y renuncia
51.
Abandonar un lugar (irse caminando)
52.
Guardar silencio
53.
Renunciar a un premio
54.
Volver la espalda
MÉTODOS
DE NO COOPERACIÓN SOCIAL
Ostracismo
de personas
55.
Boicot social
56.
Boicot social selectivo
57.
No acción a lo Lisistrata
58.
Excomunión
59.
Interdicto
La
no cooperación en eventos sociales, costumbres e instituciones
60.
Suspensión de actividades sociales o deportivas
61.
Boicot a eventos sociales
62.
Huelga estudiantil
63.
Desobediencia social
64.
Retirarse de instituciones sociales
Retirarse
del sistema social
65.
Quedarse en casa
66.
No cooperación personal (completa)
67.
Abandono por parte de los trabajadores
68.
Santuario
69.
Desaparición colectiva
70.
Protesta de emigración (hijrat)
METODOS
DE NOCOOPERACIÓN ECONÓMICA (1) BOICOT ECONÓMICO
Acción
de los consumidores
71.
Boicot por consumidores
72.
No consumo de bienes boicoteados
73.
Política de austeridad
74.
Retención de alquileres
75.
Negarse a pagar el alquiler
76.
Boicot nacional de consumidores
77.
Boicot internacional de consumidores
Acción
de trabajadores y productores
78.
Boicot de trabajadores
79.
Boicot de productores
Acción
de intermediarios
80.
Boicot de suministradores y de los que trasiegan con esos bienes
Acción
de dueños y administradores
81.
Boicot de comerciantes
82.
Negarse a dejar o a vender su propiedad
83.
Cierre patronal (Lockout)
84.
Negarse a recibir ayuda industrial
85.
“Huelga general” de comerciantes
Acción
de dueños de recursos financieros
86.
Retirar depósitos del banco
87.
Negarse a pagar estipendios, deudas y asignaciones
88.
Negarse a pagar deudas o intereses
89.
Recortar fondos y créditos
90.
Negarse a pagar impuestos
91.
Negarse a aceptar dinero del gobierno
Acción
por parte de los gobiernos
92.
Embargo doméstico
93.
Lista negra de comerciantes
94.
Embargo de vendedores internacionales
95.
Embargo de compradores
96.
Embargo del comercio internacional
MÉTODOS
DE NO COOPERACIÓN ECONÓMICA (2) LA HUELGA
Huelgas
simbólicas
97.
Huelga de protesta
98.
Abandono rápido del trabajo (huelga relámpago)
Huelga
agrícola
99.
Huelga de campesinos
100.
Huelga de trabajadores agrícolas
Huelga
de grupos especiales
101.
Huelga de jornaleros reclutados
102.
Huelga de presos
103.
Huelga de artesanos
104.
Huelga de profesionistas
Huelgas
industriales ordinarias
105.
Huelga de un establecimiento
106.
Huelga de la industria
107.
Huelga de solidaridad
Huelgas
restringidas
108.
Huelga de algunos de los obreros a un tiempo
109.
Huelga de trabajadores en una sola planta por tiempo definido
110.
Huelga de manos caídas
111.
Huelga de estricto apego al reglamento
112.
Reportarse “enfermo”
113.
Huelga por renuncia
114.
Huelga limitada
115.
Huelga selectiva
Huelgas
de varias industrias
116.
Huelga generalizada
117.
Huelga general
Combinación
de huelga con cierre económico
118.
Hartal (paro colectivo)
119.
Cierre económico
MÉTODOS
DE NOCOOPERACIÓN POLITICA
Rechazo
de la autoridad
120.
Negar o retirar la obediencia
121.
Negarse a dar apoyo público
122.
Literatura y discursos que aboguen por la resistencia
No
cooperación de los ciudadanos con el gobierno
123.
Boicot de los cuerpos legislativos
124.
Boicot de elecciones
125.
Boicot de funcionarios y empleados del gobierno
126.
Boicot de los departamentos, agencias y otras oficinas del gobierno
127.
Retirarse de las instituciones educativas de gobierno
128.
Boicot de las organizaciones dependientes del gobierno
129.
Negarse a ayudar a los agentes de coacción del gobierno
130.
Quitar señales y marcadores de su lugar
131.
Negarse a aceptar a los funcionarios designados
132.
Negarse a disolver instituciones existentes
Alternativas
a la obediencia de parte de los ciudadanos
133.
Cumplimiento lento y de mala gana
134.
No obediencia cuando no hay una supervisión directa
135.
No obediencia popular
136.
Desobediencia encubierta
137.
En una asamblea o en un mitin, negarse a dispersarse
138.
Ocupar un lugar sentándose
139.
No cooperación con el reclutamiento o la deportación
140.
Esconderse, escaparse, usar identificaciones falsas
141.
Desobediencia civil a leyes “ilegítimas”
Acción
del personal del gobierno
142.
Negarse selectivamente a ser asistido por auxiliares gubernamentales
143.
Bloqueo de las líneas de mando o de información
144.
Buscar evasivas y obstruir
145.
No cooperación administrativa general
146.
No cooperación judicial
147.
Ineficiencia deliberada y no cooperación selectiva por parte de los agentes de
coacción
148.
Amotinamiento
Acción
gubernamental nacional
149.
Evasiones y demoras casi legales
150.
No cooperación por parte de unidades gubernamentales constitutivas
Acción
gubernamental internacional
151.
Cambios en la representación diplomática y otros
152.
Demora y cancelación de eventos diplomáticos
153.
Retención del reconocimiento diplomático
154.
Romper las relaciones diplomáticas
155.
Retirarse de las organizaciones internacionales
156.
Negarse a pertenecer a organizaciones internacionales
157.
Expulsión de organizaciones internacionales
MÉTODOS
DE INTERVENCIÓN NO VIOLENTA
Intervención
sicológica
158.
Quedarse a la intemperie
159.
Ayunar
a)
Ayunar para presionar moralmente
b)
Huelga de hambre
c)
Ayuno de satiagraha
160.
Juicio al revés
161.
Acoso no violento
Intervención
física
162.
Entrar y sentarse
163.
Entrar y quedarse de pie
164.
Entrar montado
165.
Meterse a tropel
166.
Meterse golpeando o empujando
167.
Entrar rezando
168.
Incursión no violenta
169.
Incursión aérea no violenta
170.
Invasión no violenta
171.
Inserción o intervención no violenta
172.
Obstrucción no violenta
173.
Ocupación no violenta
Intervención
social
174.
Establecer nuevos patrones sociales
175.
Sobrecargar las instalaciones
176.
Tardarse a propósito para completar un trámite
177.
Entrar y hablar
178.
Teatro de guerrilla
179.
Instituciones sociales alternativas
180.
Sistema alternativo de comunicaciones
Intervención
económica
181.
Huelga al revés
182.
Huelga de quedarse en el sitio
183.
Ocupación no violenta de tierras
184.
Desafiar cercas, rejas, etc.
185.
Falsificación políticamente motivada
186.
Operación comercial excluyente
187.
Apropiación de fondos
188.
Provocar una baja o caída económica
189.
Auspicio selectivo
190.
Mercado alternativo
191.
Sistema alternativo de transporte
192.
Instituciones económicas alternativas
Intervención
política
193.
Sobrecargar el sistema administrativo
194.
Revelar la identidad de los agentes secretos
195.
Buscar el encarcelamiento
196.
Desobediencia civil de las leyes “neutrales”
197.
Seguir en el trabajo pero sin colaborar
198.
Soberanía dual y gobierno paralelo
Unas Palabras acerca de Traducciones y Reimpresiones de esta
Publicación
Para
facilitar su difusión, esta publicación se ha hecho del dominio público. Esto
significa que cualquier persona puede reproducirla y difundirla.
Sin
embargo, el autor solicita que si el texto se reproduce, se mantenga integro,
sin quitarle ni ponerle vvnada.
El
autor les ruega a las personas que piensan reproducir este documento que se lo
hagan saber. Pueden comunicarse por medio de la Institución Albert Einstein
cuya dirección aparece en el párrafo siguiente.
El
autor pide que si este documento se va a traducir, se traduzca de la versión
original en inglés y no de la traducción al español. Esto es muy importante
para preservar el sentido e intenciones originales del texto. Se pueden
solicitar versiones de este texto en inglés a:
The Albert Einstein Institution
36 Cottage Street
East
Boston, MA 02128, USA
Tel:
USA+617-247-4882
Fax:
USA+617-247-4035
E-mail:
einstein@igc.org
También
se pueden imprimir de nuestra página web cuya dirección es:
www.aeinstein.org